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Por qué Trump podría abandonar la Casa Blanca

El presidente de EE. UU. se ve acorralado por los problemas y las ‘deserciones’

Por qué Trump podría abandonar la Casa Blanca. | EUROPA PRESS

El miedo al fracaso por fin empieza a asomarse en las acciones del presidente de los Estados Unidos. Donald Trump sugirió esta semana que las elecciones generales de noviembre deberían posponerse, citando afirmaciones sin fundamento de fraude electoral generalizado en el voto por correo en medio de la pandemia de coronavirus.

Esta extraordinaria propuesta del presidente, que no está constitucionalmente facultado para hacer cumplir, representa su primer intento de suspender las elecciones, que están ya a menos de 100 días de celebrarse. Y es que prácticamente todas las encuestas públicas muestran que Trump se arrastra por márgenes significativos a nivel nacional y en estados que se perfilan como campos de batalla.

Su anuncio de intención de aplazamiento se realizó minutos después de que el Departamento de Comercio informara de que la pandemia había infligido la peor contracción económica en la historia moderna de Estados Unidos, y a medida que el brote de Covid-19 en la nación norteamericana ha ido empeorando en los últimos meses, prominentes demócratas han advertido de que el presidente puede tratar de aprovechar la crisis de salud pública para cuestionar la legitimidad de las elecciones o incluso desafiar sus resultados.
Todas estas acciones del presidente indudablemente huelen a artimañas para atrasar lo que en estos momentos parece inevitable: la derrota apabullante de Donald Trump en noviembre.

trump en apuros

Entre los problemas de Donald Trump en su verano largo, caluroso y mayormente confinado, hay que contar el hecho de que ha perdido su don incomparable de cambiar la historia. Todavía puede provocar indignación, pero incluso entre sus seguidores ya no tiene mucha capacidad de sorpresa. Como escribió el filósofo Ralph Waldo Emerson un siglo antes: “Todo héroe termina por aburrir”. Trump, cada vez más rezagado en la carrera por la Casa Blanca con respecto a su rival, Joe Biden, empieza a mostrar señales de estar en apuros, y entre las posibles opciones para salvar cara, los expertos opinan que a Trump solo le queda asegurarse la victoria en las elecciones (lo cual parece cada día más complicado), aplazar ilegalmente las elecciones para ganar tiempo, o incluso, ahorrarse la vergüenza de una caída estrepitosa, abandonando ahora la carrera.

Salida ‘honrosa’

En el posible escenario en el que una derrota sea inevitable, todavía habría una salida honrosa para el presidente al que no le gusta perder: retirar su candidatura para la reelección.
Sin duda, Trump saborearía la validación de ganar un segundo mandato, pero bajo la trayectoria actual, eso es poco probable. Como estrategia de campaña, Trump no parece tener un plan plausible más allá de tirar barro a la pared a ver si pega.

La clave de sus próximos movimientos podría residir en cómo Trump podrá enfrentar su futuro y su reputación histórica si perdiera ante Joe Biden. En ese sentido, la idea de que Trump pueda decir adiós a sus aspiraciones de reelección, se basa en la suposición de que Trump está menos preocupado por manejar las palancas del poder gubernamental que por preservar su papel como disruptor en general en la política estadounidense durante la próxima década, lo cual podría ser mucho más fácil de conseguir si evita ser marcado como perdedor en noviembre, especialmente si el margen es más grande de lo que podría atribuirse a la influencia de los medios o la ‘manipulación’ de los demócratas en el recuento de votos.

El proyecto político de Trump está más debilitado internamente en el sentido psicológico, que en el sentido externo, según lo medido por las encuestas y la cobertura de la campaña.
Trump en los últimos días ha cancelado los planes para un gran espectáculo partidista en la Convención Nacional Republicana. Ha pasado de decir que la pandemia de coronavirus se encaminaría rápidamente en la primavera a reconocer, cinco meses después de la crisis, que la situación probablemente “empeorará antes de mejorar”. Después de decir que las mascarillas no eran para él e implicar que son para los débiles, finalmente comenzó a usar una y ha instado a otros a que hagan lo mismo, causando confusión entre sus filas de acólitos que hasta hace poco se negaban a utilizarlas siguiendo el ejemplo de su líder, inyectando una carga política a lo que no es más que una necesidad sanitaria. Estos cambios de postura proyectan una percepción de un presidente que dista mucho de la imagen de solidez que pretendió desde el primer momento. Trump entiende el poder de la percepción, y por eso nunca se disculpa o admite estar equivocado.

De hecho, las fotos de hace unas semanas, después del fiasco de su mitin de campaña en Tulsa, Oklahoma, en las que aparecía con la corbata deshecha, el ceño fruncido, y porte apesadumbrado, fueron inmediatamente interpretadas como la viva imagen de un presidente desmoralizado.

se hunde el barco

La popularidad de Trump había estado impulsada por una parte por los medios de comunciación más conservadores (en particular el canal de televisión Fox, que ha cautivado desde el principio a sus espectadores bajo el carisma de Trump, el presidente que quiere hacer América grande otra vez), y los senadores republicanos, que después de haber visto como la Cámara de Representantes cambiaba de manos a favor de los demócratas en una paliza electoral en las elecciones de medio término, necesitaban a Trump, su caballo de batalla, para no perder la mayoría en la Cámara Alta en noviembre.

Sin embargo, ambos grupos de aliados están empezando a temer que estar cerca de Trump es un riesgo que no quieren correr. La televisora esta preocupada por salvaguardar su rentabilidad, y los republicanos se están inclinando, si no a buscar la ruptura con el presidente, sí a distanciarse para poder salvar como puedan sus escaños.

A largo plazo, renunciar a la carrera podría elevar la reputación histórica de Trump en mayor medida que si pierde la reelección después de una campaña implacable y demagógica. A corto plazo, un candidato de reemplazo (presumiblemente el vicepresidente Mike Pence) estaría en deuda con Trump y sujeto a su influencia si logra vencer a Biden. Si pierde, Trump podría quejarse de que su protegido lo arruinó, y jugar a ser el hacedor de reyes del Partido Republicano (quizás en nombre de uno de sus hijos u otros aliados) en 2024 sin el estigma de haber sido rechazado expresamente por los votantes.

horror entre los conservadores

Este sentimiento de preocupación por parte de los conservadores se ha hecho aún más palpable con la propuesta de Trump de aplazar las elecciones.
Trump no tiene autoridad para retrasar los comicios, y la Constitución le da al Congreso el poder de fijar la fecha para votar. Los legisladores de ambos partidos dijeron, casi de inmediato, que no había probabilidad de que la elección se retrasara.

En la lluvia de críticas que recibió el presidente por la descabellada sugerencia, incluso con decenas de republicanos desafiando abiertamente el tuit de Trump, un artículo de opinión de Steven Calabresi, profesor de Derecho de la Universidad Northwestern que ha ofrecido amplias defensas del presidente en los últimos años, publicado en el The New York Times destaca como una deserción sorprendente dada su larga historia en el partido republicano. “Estoy francamente horrorizado por el reciente tuit del presidente que busca posponer las elecciones de noviembre. Hasta hace poco, había tomado como hipérbole política la afirmación de los demócratas de que el presidente Trump es un fascista, pero este último tuit es fascista y es en sí mismo motivo de la destitución inmediata del presidente por la Cámara de Representantes y su destitución por parte del Senado”, dijo el respetado profesor en los círculos más conservadores del país. Pero los expertos han dicho que las consecuencias de su intento de socavar las elecciones de noviembre podrían ser de mayor alcance que el daño causado por la pandemia, expresando que si Trump pierde, parece estar señalando que felizmente hará arder las instituciones democráticas estadounidenses, si cree que eso lo ayudará a salvarse a sí mismo o a quedar bien. Ni republicanos ni demócratas están dispuestos a crear un precedente ante el temor de que una acción de este tipo se pudiera repetir en cuatro años, si alguien más trumpista que Trump decide postularse en 2024.

¿se irá trump?

Ganar un segundo mandato siempre ha sido un desafío para un presidente que nunca ha contado con una aprobación mayoritaria por su gestión. A principios de año, sin embargo, sus asesores describieron un camino viable para la reelección. La estrategia tenía tres elementos principales. Una suposición era que, incluso si se estaba quedando ligeramente atrás en los estados fluctuantes, sus ventajas financieras y organizativas, combinadas con la pasión de sus partidarios, significaría que superaría las encuestas en 2 a 3 puntos porcentuales. La segunda suposición era que Trump tenía espacio para aumentar su participación en el voto entre los grupos minoritarios, especialmente los hombres negros, donde incluso una mejora modesta podría debilitar a la coalición demócrata de manera devastadora. Y la tercera suposición era que Trump podría rediseñar su estilo divisivo y convertirlo en un estilo activo, pero cinco meses dentro de la pandemia, ninguno de esos tres supuestos parece seguro. Después del asesinato de George Floyd y la respuesta de Trump, la noción de ganar votos entre los afroamericanos se ha desvanecido. Su plan de retratarse a sí mismo como un ejecutivo que preside una economía en auge se ha hecho jirones en medio del gran desempleo y la posibilidad de que la pandemia ensombrezca prácticamente todos los rincones de la economía estadounidense incluso más allá de 2021. Aunque Trump continúa en el frente de batalla y lo más probable es que continúe en la lucha hasta el final, en circunstancias tan sombrías como estas, sería sorprendente, pero no inconcebible que el ahora impopular Trump decida marcarse un Lindon B. Johnson, presidente en los 60, quien metido hasta las rodillas en el lodo de la guerra de Vietnam, a la hora de la reelección prefirió hacer mutis por el foro.