el charco hondo

Diplomacia

La mala noticia es que a las Islas les quedan apenas diez días para salvar la temporada de invierno —o lo que es lo mismo, para evitar cierres de empresas, destrucción masiva de empleo y una caída en barrena de la recaudación, con el consiguiente debilitamiento de los servicios públicos y la falta de recursos para pagar las nóminas—. Si la temporada turística se nos va de las manos, el terremoto (la mayor crisis económica de los últimos cincuenta años) no hará excepciones. Esa es la mala noticia, la otra —menos mala— es que diez días podrían ser suficientes si los actores principales se ponen manos a la obra (ya, pero ya) con la determinación y valentía que la situación requiere. Asoman señales que invitan a un cierto optimismo. Afloran actitudes —iniciativas— que hacen pensar que hay quienes no dan por perdido el invierno; y que, lejos de rendirse, están dando pasos para evitar la catástrofe. Contrarrestando la apatía de los negacionistas —esos que en los ámbitos público o privado se niegan a intentarlo— la consejera de Turismo, Yaiza Castilla, se ha cansado de esperar (hace bien). Turismo de Tenerife lejos de cruzarse de brazos está peleando por la temporada de invierno —no así los cabildos de Lanzarote, Fuerteventura o Gran Canaria; sin otra estrategia que la de hibernar, no parece que vayan a asomar la cabeza hasta primavera—. Hay que movilizarse, atreverse. Tenemos que contar a alemanes, británicos o peninsulares que en apenas unas semanas estaremos aplicando un catálogo de medidas de control: test al llegar a las Islas o al hacer el check out en los alojamientos, registros digitales, atención a los positivos, rastreos y otras. Sentarse a ver pasar las semanas no ha funcionado. Tenemos diez días para salir de este lío, ni uno más. Hay que cerrar un protocolo canario de actuación; y, una vez articulado, exigir que las ministras de Exteriores y Turismo se planten en Londres o Berlín —con ese protocolo bajo el brazo— para cerrar convenios bilaterales específicos para Canarias. Es la hora de la diplomacia. Hay que abordar la situación de Estado a Estado —con presencia de las instituciones y patronales locales, pero arropados por la maquinaria ministerial—. Si en una semana Canarias ni tiene ese protocolo ni se concretan esas reuniones bilaterales, difícilmente lograremos evitar lo que en las Islas será recordado como el crack del 20.

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