El charco hondo

Penélope

Cuando un tren se pierde poco importa si fue por los pelos o no. Da igual si salió un minuto o una hora antes, porque lo sustancial es que no se llegó a tiempo (y que, en consecuencia, nos hemos quedado tirados en el andén). Ocurre con los trenes lo que pasa con las oportunidades, […]

Cuando un tren se pierde poco importa si fue por los pelos o no. Da igual si salió un minuto o una hora antes, porque lo sustancial es que no se llegó a tiempo (y que, en consecuencia, nos hemos quedado tirados en el andén). Ocurre con los trenes lo que pasa con las oportunidades, los planes, las decisiones, los protocolos o con la intención de remitir a la Comisión Europea la oportunidad de realizar test en los aeropuertos de origen y destino -anunciada días atrás por la ministra de Turismo, Reyes Maroto-. Y lo que pasa, en estos u otros casos, es que llegar tarde equivale a fracasar absolutamente. Tanto da haberlo intentado mucho o poco, cuando no se llega a tiempo las decisiones se van de boca a la papelera de las gestiones inútiles. Según el calendario anunciado por la ministra no habrá pronunciamiento de Bruselas sobre los test hasta finales de octubre -o así-, pero Canarias no puede esperar a octubre para salvar la temporada turística de invierno. Si a finales de septiembre esa u otras medidas no están en marcha -y si no se han concretado incentivos específicos para las Islas- muchísimos hoteles volverán a cerrar sin ánimo de reabrir hasta las procesiones de Semana Santa. Ese es el problema mayúsculo, esa la alarma, la urgencia. Nos estamos jugando lo que queda de 2020, sin duda, pero también los primeros meses de 2021 -traducido al lenguaje del empleo las cifras dan escalofríos-. Otro cero turístico (otro coma inducido) nos acercará a algo que huele a un cierre patronal sin esperar a que la Comisión se pronuncie. El tren de septiembre no se coge en octubre, sencillamente se pierde. Estas semanas está haciéndose lo que tendría que haberse hecho en junio o julio -y ahora el calendario nos tiene con la lengua fuera, penalizados por reacciones tardías-. Un pronunciamiento de la Comisión Europea a finales de octubre nos sitúa a más de treinta días de la decisión, ¿puede Canarias permitirse otro mes esperando por algo? Lamentablemente, no. Si el tren de la temporada de invierno sale sin Canarias nos condenaremos a pasar demasiados meses esperando -tejiendo y destejiendo, cual Penélope- el regreso de los turistas. Según los pilotos, una vez superado el tiempo de decisión cualquier cosa que se haga no sirve de nada. Estamos ahí. Esperar por la Comisión Europea nos sitúa fuera del tiempo de decisión, solo la vía de los convenios bilaterales -con Londres, Berlín y otros- podría permitirnos la repesca del invierno. Esos convenios son (o eran) nuestro último tren.