en el camino de la historia

El resentimiento es lo que mueve el cambio

El resentimiento en muchas etapas de la historia ha desempeñado un papel detonante y ha sido la matriz de las ideologías contestatarias tanto de izquierdas como de derechas. Las frustraciones que lo suscitan son las promesas incumplidas, las desilusiones y las heridas infligidas que provocan una ira impotente que le da consistencia, ya haya sido, por ejemplo, la revolución francesa de 1789 o la bolchevique de 1917
El sufrimiento, la depauperación y la indigencia social, en sus diferentes escenarios, han alimentado numerosos movimientos sociales cuyo signo no estaba definido de antemano. Movimientos engrosados por los desheredados que muchas vece,s como incautos, se acogen bajo el paraguas de la retórica, del discurso carente de enjundia política y sí de mucha teoría extraplanetaria, pero que a los que alimentan la cola del paro, la juventud con ausencia de horizontes y el resto de cabreados que se alinean con esas propuestas vacuas, deslumbrantes y con una puesta a punto estilo Hollywood, como la desplegada, días atrás, por el presidente del Gobierno español, de momento les importa un pimiento. Ya no creen en casi nada a pesar de ciertas sesiones de un programado hipnotismo social, y si el sistema se va al traste o sufre un viraje de 360 grados poco les importa. Es el cansancio lo que soporta un futuro carente de esperanza, por mucho que algunos intenten bajarles el cielo a la tierra.
Hay una versión que recorrió en su tiempo por la Europa vencedora, de Maurice Leblanc, que venía a decir: “Si, es preciso saber que los mutilados no se consideren parias, ¿cómo a los que utilizaron sus piernas para lanzarse al ataque, una vez amputados, les van a sacar ventaja los que se quedaron calentándose las dos patas frente a los hornillos de una oficina? ¡Abridnos paso, ocuparemos nuestro puesto!
Y, por otro lado, fuera de ese contexto social donde la lucha de clases, aunque muchos opinen lo contrario, sigue vigente, aunque adormecida, aparece el resentimiento nacionalista, identitario de aquellos pueblos que se encuentran machacados por normas y por acciones en contra de ellos que hacen que ese resentimiento nacionalista exija la necesidad de armarse no solo intelectualmente, ni colectivamente, sino como exigencia de supervivencia como blindaje, puesto que, en esas circunstancias, pueblos como el nuestro, el canario, tan antiguos como la vida misma, sí que hay que procurar que miles y miles de canarios se deslumbren por el resplandor de las estrellas verdes que bordan nuestra bandera.
Los pueblos, la sociedad en general se encuentra sometida a una indigencia social desesperante, puesto que las desilusiones han tomado el relevo a las grandes esperanzas suscritas por la idea de progreso, cuyas promesas no se han cumplido y lo que han originado son focos de resentimiento; y si no introducimos en nuestra conciencia la realidad de la cuestiones que afectan a los pueblos que pretenden exigir sus derechos históricos y reivindicar su situación en el mundo, estaremos tan perdidos como esa misma desilusión que campea en el orden, o más bien en el desorden mundial.
Cuando el resentimiento no se olvida se está continuamente recordando aquello que dio origen a ese sentimiento frustrado, quedando esclavizado de su pasado, pero cuando se intelectualiza y se desea superarlo para combatir ofensas y agravios es el momento en que se pudiera dar un paso decisivo que afectará no solo al individuo por separad, sino que se engrandece y universaliza en pro de un fin definido y que produciría el cambio deseado.

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