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El primer crucero de la temporada da esperanzas al sector turístico canario

Una de las pasajeras de este buque “experimental”, Selene, reconocía que los protocolos sanitarios que se estaban aplicando eran “muy exigentes”, pero que ello les hacía “sentir seguros” ante el virus
Los pasajeros solo pueden abandonar el barco para las actividades programadas; tienen prohibido pararse a descansar o tomar algo en la calle. Fran Pallero

El turismo canario, principal damnificado por la crisis sanitaria de la COVID, está viviendo una semana que llama a la esperanza. El lunes, la compañía farmacéutica Pfizer anunciaba que su propuesta de vacuna contra la enfermedad podía tener una eficacia del 90%, dejando entrever que, a principios del próximo año, la pandemia saldría de la ecuación que, hasta ahora, ha arrojado un saldo negativo en la cuenta de los empresarios vinculados a esta actividad productiva, que representa el 35% del PIB del Archipiélago. Y ayer, en Santa Cruz atracó el primer crucero de la temporada de España, el Mein Schiff 2, operado por TUI Cruises, que devolvió la vida a las calles de la capital tinerfeña, tras siete meses sin recibir a embarcaciones de este tipo.

Los cerca de 900 clientes que decidieron subir a bordo del crucero se reencontraron con el que ha sido considerado como único destino turístico de invierno viable para el viajero procedente de Europa. Y ante las expectativas creadas tras tal afirmación, que entonaba en agosto Sebastian Ebel, uno de los máximos responsables de TUI, un pasajero de 35 años solo podía reconocer, en declaraciones a la agencia Efe, que “resulta que no era mentira, que el tiempo siempre acompaña” en las Islas, frente a las condiciones climatológicas de sus países de origen. “En Alemania ahora mismo solo hay niebla”, confesaba el varón.

Algunos grupos de cruceristas, toda vez que se bajaron del barco, se alejaban del Muelle Sur del puerto en guagua, observando la ciudad a través de los cristales del vehículo. Otros cientos, sin embargo, se despedían del mar haciendo resonar los timbres de sus bicicletas. Sonriendo, se supone, bajo las espesas mascarillas. Siempre en pequeños grupos burbuja de no más de 10 personas, en cumplimiento de los protocolos dictados por las autoridades sanitarias para prevenir contagios. De hecho, Selene, otra pasajera, destacaba que uno de los aspectos que han hecho “magnífica” su experiencia está relacionado, precisamente, con las medidas de seguridad, dado que al ser “muy exigentes”, dijo, “nos hacen sentir seguros”.

En este sentido, Mark Pilser, monitor de una de las excursiones en bicicleta hasta Las Teresitas, señaló que “había ganas de viajar”, y en especial de las rutas guiadas por tierra. “Hasta ahora solo estábamos ofreciendo viajes por mar”, explicó. No obstante, como consecuencia de las restricciones actuales, los pasajeros solo pueden abandonar el barco para acudir a las actividades programadas, y tienen terminantemente prohibido pararse a descansar o a tomar algo en terrazas y restaurantes. “Solo comida para llevar”, aclaraba Selene, quien, a pesar de todo, continuaba siendo positiva, pues al final “significa más seguridad”.

Con motivo de esta histórica llegada, la Autoridad Portuaria organizó un recibimiento simbólico al buque, al que asistieron el presidente del Cabildo de Tenerife, Pedro Martín; el alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, y el presidente de la propia entidad gestora del enclave portuario, Carlos González. Durante el acto, el capitán del barco, Thomas Roth, aseguró que, desde que atracara por primera vez en 1990, siendo un joven navegante, Santa Cruz ha sido su puerto favorito. “Siempre digo que un barco bonito necesita estar en un puerto bonito, y las Islas Canarias son muy especiales. Sus aguas limpias, su aire fresco, y su cielo azul; solo puedo decir gracias”, afirmaba.

Por su parte, Carlos González defendió que la llegada de este crucero “experimental” generará confianza, y que la intención es ir aumentando el número de pasajeros en cada itinerario.

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