sociedad

La hazaña de montar una venta de barrio en plena tormenta económica

Ana se quedó sin trabajo en junio con 55 años, una edad difícil para encontrar un nuevo empleo, así que tiró de la experiencia de años para montar su multitienda en La Laguna
Sergio Méndez

Hay junto a la placita de la ermita de San Benito, en La Laguna, una pequeña cafetería con terraza donde a veces desayuno por las mañanas para escuchar los diálogos de la gente del barrio. Lugar de tránsito para los coches que se meten en el centro de la ciudad, yo desconocía profundamente la vida que había en esta zona de clase media y trabajadora hasta que me vine a vivir aquí, hace poco más de un año. Pero se nota en cuanto uno comienza a frecuentar los bares y pequeños negocios: los churros de La Vega Lagunera, las frutas y verduras de la cooperativa de La Candelaria, la ferretería, la farmacia. Hasta hace unos meses también estaba José, al pie del cañón en su estanco durante lo peor del confinamiento, vendiendo prensa, golosinas, tabaco, transistores, muñecos y mil cosas más. Aquello parecía un diminuto mercado persa hecho de décadas de trabajo y de conversaciones con los vecinos. Pero José se jubiló. Ahora acaba de llegar Ana, que el 18 de diciembre inauguró su multitienda en la calle Juana La Blanca, abierta desde por la mañana hasta por la noche. Ya nos ha sacado de algún apuro estas Navidades.

Parece de osados montar un negocio en medio de la peor crisis económica desde la Guerra Civil, con la previsión de que el PIB caiga este año en Canarias más de un 20%, según datos del Gobierno autónomo. Pero a Ana la dejaron en el paro el pasado junio y decidió que era la mejor opción. “A los 55, buscar trabajo es una empresa perdida. O tienes demasiado currículum o tienes demasiada edad”, afirma. “Yo no me puedo estar quieta y me puse a limpiar, eché el CV para cuidar ancianos, porque soy auxiliar de enfermería, pero un amigo excelente que tengo me dijo: ‘No busques trabajo, monta tu propio negocio’. Y pensé que igual podía ser. Porque era algo que me hacía muchísima ilusión. Otra amiga que había montado una multitienda en Santa Cruz me aconsejó que no me apresurara, que buscara tranquilamente el sitio”.

Dice Ana que algo de nudo en el estómago sí que tiene en medio de esta crisis tan gorda, pero que es optimista y lleva entre mostradores desde los 13 años, cuando empezó a ayudar en La Pantera Rosa, conocido negocio lagunero. Que trabajó en una agencia de publicidad y modelos, que anunció la “clave card” de los cajeros en 1983, que participó en la promoción de los batidos okey y del Appletiser, boicoteado antes de eso porque venía de la Sudáfrica del Apartheid, que fue monitora en el Nuryana. Que trabajó cuatro años en Gamonal, su último empleo. Y con ese bagaje todoterreno se puso a buscar local.

– “Hola Esther, cariño, ¿cómo estás? Coge lo que quieras”, dice Ana a una clienta que entra”
-“Quiero unos dulces”.
– “Espera que te los pongo. Ella -dice mirando para mí- trabajó conmigo en el Nuryana.

Cuando Esther se va, continúa: “Un día, paseando, empecé a llamar a todos los números que veía en esta calle, hasta que el dueño de este local me dijo que me lo podía enseñar inmediatamente. Me gustó, pero el precio se salía de mis posibilidades. Y mi oferta estaba por debajo de las posibilidades del dueño. Y le dije: ‘Mire, yo voy a ir gestionando los papeles, porque tengo que hipotecar mi casa, que está libre de cargas desde hace 20 años, para montar este negocio. Lo llamo en una semana. Si lo ha alquilado, es que no está pa’ mí. Y lo llamé. La diferencia entre su oferta y la mía era de 100 euros. Y, al final, cada uno cedió 50. La verdad es que son unos caseros estupendos, no me cobraron el mes de noviembre, mientras montaba el negocio”.

En la multitienda de Ana, se cuida de la fruta y la verdura, hay croquetas y churros de pescado. Hay vinos ricos y embutidos buenos. “A todos nos gusta salirnos del tiesto de vez en cuando, aunque nuestro poder adquisitivo no sea muy alto, tener buena verdura, que las cosas estén limpias. Yo quiero que la tienda sea un lugar de referencia los vecinos, como las ventas de antes”, cuenta. “La acogida ha sido maravillosa. Yo pensaba que esto era un barrio de paso, y no lo es. Ayer, un vecino bajó y me dijo: ‘Ana, mi mujer y yo estamos preocupados de si tomas algo caliente durante el día’. Y no llevo aquí sino 10 días”.

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