el charco hondo

Carolina

El negro es la ausencia de color, de ahí que para algunas escuelas no fuera considerado como tal. Los negacionistas -que lo desterraron a la nada, al no color- chocaron con voces como la de Renoir, que lo catalogó como el rey de los colores. Algunos expresionistas, como Van Gogh, argumentaron que el negro y el blanco tienen su razón y significado. Hay quien lo resuelve concluyendo que el negro es un color sin color que, como ocurre con Carolina Darias, pega, va bien y combina con todo, no deslumbra pero no te deja mal, ni llama la atención ni desentona, da seguridad, cumple con la misión otorgada sin dejarse arrastrar por el afán de protagonismo, desprende sobriedad, no brilla ni falta que le hace, cumple, no destiñe ni ocupa tonalidades ajenas, parece que no está, y está. Van Gogh y Carolina Darias coinciden en que el negro y el blanco tienen su razón y significado, y en que quien los suprime no tiene nada que hacer en pintura ni en política. La ministra de Sanidad es una profesional de lo público, profesionalidad a la que en su caso no cabe reproche, porque ella sabe, conoce y se trabaja lo suyo, demostrando una versatilidad a prueba de nombramientos. Su empatía en el trato personal hace el resto (Carolina cae bien a todo el mundo, y a mí). Su éxito consiste en volar sin dejar que el radar del desgaste la detecte; pero no por debajo, sino por encima, apuntando alto sin contaminar la atmósfera con los gases de la crispación o los malos modos. Hará bien si en Sanidad se sacude la tentación del continuismo, debe corregir errores, cambiar dinámicas y relevar a los amortizados, sin duda a Fernando Simón, sustituyéndolo por alguien que recupere el crédito y la confianza que hace meses Simón dejó de generar. Mirando por el retrovisor, el balance como ministra de Política Territorial ha sido pobre; poco o absolutamente nada se ha avanzado con el desarrollo del Estatuto, y se echó en falta su implicación -dado su conocimiento del terreno- en la gestión de la crisis migratoria. Cosa diferente es culparla de que estos últimos meses tampoco se haya cumplido la ley más incumplida de Occidente, el REF (más de lo mismo). En Sanidad no podrá refugiarse en el negro, la luz de los focos la tendrán lejos de su hábitat: la discreción. Aterriza en el peor momento, pero gestionará sin estridencias, con humildad; con esa receta, que tan buenos resultados le ha dado, será recordada como la ministra que nos vacunó, y a nadie amarga ser un buen recuerdo.

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