asalto al capitolio

El día después de la insurrección en Estados Unidos

Una calma tensa presagia cambios en la Casa Blanca horas después del histórico asalto al Capitolio, que dejó cuatro muertos, una quincena de heridos y unos 50 detenidos de momento; Trump se vio obligado ayer a reconocer la victoria de Biden
El 6 de enero será recordado como un día negro para la historia del corazón político de la nación norteamericana. EP
El 6 de enero será recordado como un día negro para la historia del corazón político de la nación norteamericana. EP
El 6 de enero será recordado como un día negro para la historia del corazón político de la nación norteamericana. EP

Una calma tensa se respiraba ayer en la capital de Estados Unidos. La jornada anterior será recordada como un día negro para la historia del corazón político de la nación norteamericana, baluarte de la democracia en el mundo, por haber estado más cerca que nunca de sucumbir a un intento de golpe de estado perpetrado por miles de fanáticos dirigidos por el mismo presidente que reside en la Casa Blanca.

La violencia que se desató en el área de Capitol Hill, la colina hogar de las estructuras que acogen a los poderes nacionales, el Capitolio, la Casa Blanca, el Tribunal Supremo, y las famosas esculturas y arquitecturas como el Monumento a Washington, el Lincoln Memorial, Jefferson Memorial, no quedará impune. Todos aquellos que participaron en la insurrección, como ha denominado el presidente Joe Biden, al vergonzoso incidente, están siendo identificados, buscados y serán procesados acorde a las leyes federales de los Estados Unidos.

Las imágenes impactaban a los espectadores en cualquier lugar del planeta, que observaban en directo cómo los manifestantes se organizaban para escuchar la arenga de Donald Trump y escuchaban sus palabras animándolos a marchar hacia el Congreso, donde sabía que no encontrarían gran oposición -la seguridad en Capitol Hill corresponde al Servicio de Parques de Estados Unidos, una entidad federal, y la Policía del Capitolio, que depende directamente del Congreso-. Por último, se desataba el caos con la entrada forzada a las instalaciones y con el ataque a los oficiales de policía, que no podían hacer frente al gran número de asaltantes que irrumpían con gritos y cánticos en el edificio, destrozando a su paso ventanas y puertas, hasta llegar a las cámaras donde estaban reunidos los legisladores, que llevaban a cabo la ceremonia de certificación de los votos electorales y la victoria de Joe Biden. Senadores y congresistas vivieron momentos de terror escondidos en las filas del hemiciclo, sintiendo tal vez por vez primera lo que sienten los niños en los colegios cuando entra un pistolero armado.

Los políticos fueron evacuados, y, al margen del susto, no les ocurrió nada, mientras que una mujer recibió un tiro en el cuello, una oficial de las Fuerzas Aéreas que se unió a la violenta protesta y que perdió la vida participando en un acto muy contrario a su juramento de defender la nación. Otras tres personas murieron durante el incidente.

Finalmente, y tras la demora por parte del presidente Trump, que se resistió por un tiempo a enviar a la Guardia Nacional a socorrer a los policías, la insurrección pudo ser subyugada y empezaron los arrestos, pocos por ahora, aunque las cifras empezarán a aumentar a medida que vaya desarrollándose la investigación. Pesquisas que deberán dar respuestas a las preguntas de por qué llegaron tan lejos los insurgentes, “terroristas domésticos”, según la terminología apropiada en el léxico jurídico estadounidense.

Desbandada de aliados

Los primeros informes arrojaban alrededor de 50 detenidos. El número de heridos pasó de una quincena, según el testimonio de Tim Ryan, a 60 oficiales de policía, de los que 14 están hospitalizados, uno en condición crítica. La mayoría de las heridas provocadas don por golpes en la cabeza con caños de tubería de plomo. Algunos por agentes tóxicos arrojados a ellos por los exaltados.

Pero la pregunta clave es qué ocurrirá con el agitador, el instigador de este golpe a la democracia. Donald Trump se vio obligado ayer a reconocer la victoria de su oponente, diciendo que habría una transición de poder ordenada. Pero lo hizo de mala gana, insistiendo en que le robaron las elecciones, que estaba en desacuerdo, mostrando empatía por los asaltantes y en ningún momento condenando los actos.

Trump dijo ayer que la transición de poder signficaba el “fin del más grandioso primer mandato de la historia presidencial”.

Nerón tocando el arpa, mientras los pocos aliados que le quedaban se apresuraban a huir de la Casa Blanca. Ayer empezaron las deserciones en masa y los allegados de Trump mantienen que el presidente está furioso, sigue negando su derrota y cada vez está más aislado, ya que todos intentan mantenerse fuera de su alcance. Pero esta declaración pública de que Biden (pese a todo y con menos oposición de la inicialmente planteada por los legisladores que iban a protestar la certificación) fue declarado oficialmente vencedor en una sesión de madrugada, no es suficiente.

Desde la bancada demócrata se pide responsabilidad. El líder de los demócratas en el Senado Chuck Schumer por Nueva York, así como múltiples legisladores de ambos partidos solicitan que se invoque la enmienda 25 de la Constitución, que relegaría al presidente temporalmente por no estar en condiciones para gobernar. De no producirse en las próximas horas, un número creciente de congresistas exigirán que se lleve a cabo un segundo juicio político expeditivo de Donald Trump, otro impeachment, y ya tienen los documentos preparados.

El futuro inmediato de donald Trump

Trump tiene previsto “escaparse” a Camp Davis este fin de semana, una de las residencias presidenciales muy poco visitadas por el mandatario. Cabría preguntarse si es una salida voluntaria o un movimiento político de los republicanos, con el fin de instalar al vicepresidente Mike Pence en la Casa Blanca hasta el 20 de este mes de llevarse a cabo de forma inminente la invocación del artículo demandado. Sin embargo, a duras penas, esto supondrá el final del trumpismo. Cuatro años de mentiras contínuas que han mellado la sociedad estadounidense, que venía sufriendo carencias desde hace décadas. El partido republicano podría terminar dividido. Por una parte, estarían los conservadores constitucionalistas, y, por otra, una nueva ala de extrema derecha, que podría haber encontrado a su nuevo líder, al joven Senador Josh Howley de Misosuri.

Trump termina su presidencia, ya sea por medio del artículo 25, por medio de una convicción o sometido al silencio impuesto por las redes sociales, como un presidente fallido, infame, que tendrá que enfrentar a la justicia por acciones anteriores y por las del 6 de enero. Pronto lo veremos.

El presidente electo habló anoche haciendo un resumen sobre las acciones incendiarias de Donald Trump, que han llevado a la nación a la lamentable situación en la que se encuentra, condenando, sin pelos en la lengua, el periodo de gobierno “mafioso” de Trump, y asumiendo su nuevo rol como líder de los Estados Unidos de América.

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