DespuÉs del paréntesis

Mentiras

Se sabe que una de las cuestiones más decisivas de la existencia es eso que llamamos poder. Lo que el poder sustancia es una eventualidad aplastante: delimitar el uso de la realidad. Cuando un partido político se adjudica el empeño, por elecciones (pues vivimos en democracia aunque a veces no lo parezca) de acceder al […]

Se sabe que una de las cuestiones más decisivas de la existencia es eso que llamamos poder. Lo que el poder sustancia es una eventualidad aplastante: delimitar el uso de la realidad. Cuando un partido político se adjudica el empeño, por elecciones (pues vivimos en democracia aunque a veces no lo parezca) de acceder al gobierno, lo hace por lo que ello sustancia. Esto es, adjudicar a la legitimidad lo que el partido tal se asigna. Por ejemplo, los empeños de los separatistas catalanes (incluso de manera unilateral) de imponerse e imponer la república o el caro don Mariano Rajoy que primó a la banca frente a las prestaciones sociales. Y se explica el real: con la independencia dejará el Estado de robarles y serán más reconocidos y más listos o sin sistema financiero no hay país, etc., etc. Ese supremo artificio se encuentra de frente con lo que se nombra “verdad”. Y no tanto por su valor manifiesto cuanto porque algunos de los dichos partidos asumen la “mentira” como condición para ordenar en conveniencia la dicha realidad. Sirva otro ejemplo: cierta vez el PP adujo que habría de encauzar las propuestas desde posiciones de izquierda. Así hizo la campaña. Ganó. No cumplió ni una sola de las proposiciones con los que había competido. Esas formaciones subsisten por lo que los ciudadanos, los votantes, descubren y aceptan de ellas. Ocurrió con Cs. Un chico catalán (de origen español) se enfrentó al independentismo de allí. Luchó en pos del 55% de la población. Hubo respuesta. Por ella, mirar al resto de España. La ecuanimidad, ideas probas sobre la economía o la corrupción decidieron. Se convirtieron en una fuerza que un alto porcentaje aceptó: la coalición de centro-izquierda PSOE-Cs. Mas hete aquí que el susodicho descubrió su verdadera condición ideológica. De lo cual salió que a Podemos ni agua por comunistas y al PSOE tampoco si no pactaba gobierno con el PP. Contradicciones con consecuencias. La trama del real que al real llega. En Cataluña juegan a la promisión. Lo que en el Estado vale (darle los gobiernos de Andalucía, Murcia, Madrid y… al PP con pactos con la ultraderecha) allí no: acuerdo tácito que llaman constitucionalista. De lo cual sale que invocar la realidad por la “farsa” no despista a los electores. 30 escaños menos de 36. Desastre.
Hechos que proclaman. La realidad no se fabrica, es como es. Y la mentada falacia asigna rigor a lo que no cabe en política: la falsedad. Pobre Cs.