el camino de la historia

La construcción de la identidad

Escribí hace algún tiempo sobre la construcción y la destrucción de las identidades, cuestión esta de máxima importancia para entender la raíz de los pueblos y de qué manera saber hacia dónde estos pretenden llegar. Se asegura que hablar de identidad es tan o más complicado que hablar de sexo, según en su día manifestó Sigmund Freud; por tal motivo, nos sirve de ayuda acercarnos a Jurgen Habermas en Las identidades morales y políticas, un libro de máximo interés no solo para los que bucean en los conceptos hermenéuticos de la filosofía, sino también para aquellos que se preocupan por dónde va y camina la sociedad. En él desbroza el concepto estructural de “identidades construidas”. Cuestión que está hoy como entonces dentro del ámbito de la política, más que de la moral, y donde se enfrentan no solo territorios que están en la búsqueda de sus culturas y se empeñan decididamente por tener un lugar como protagonistas de su historia y por dejar bien claro cuáles son sus objetivos, sino la torpeza de otros por ir en contra de esas culturas, alegando banalidades y simplezas.
En la construcción de las identidades, que es una búsqueda constante de los nacionalismos, hay peligros que acechan y que ponen toda la carne en el asador, con argumentaríos repetitivos y rayanos en la ridiculez para evitar que esto sea así. Y el más clarividente es el ombliguismo y la ceguera del centralismo (ahora atenuado por reivindicaciones vascas y catalanas), que no cesa en sus ínfulas imperiales venidas a menos y que le molesta que alguien cuestione la artificialidad de un país que se ha construido, como es España, desde el maridaje y la violencia que la historia ha marcado en las páginas de la misma.
La construcción de las identidades es una prioridad que los nacionalismos en este inicio del siglo XXI deben tener en cuenta, sobre todo cuando se intenta con el engaño, ya manido de la globalización, uniformar a los pueblos, partiendo del principio falsario que todos son iguales y que no cabe el disentir, sino la obediencia a raja tabla que se impone desde la de la torpeza y de la incapacidad de algunos para resolver y dar salida a cuestiones territoriales del momento .
Ya Kant lo manifestó ante las actitudes de los pueblos hacia la búsqueda de su identidad con aquello de “qué incómodo es seguir siendo menor de edad”. Y esta incomodidad es la que los nacionalismos tienen que vencer ante todas las resistencias que han encontrado y van a encontrar en el camino emprendido de su construcción nacional identitaria.
Cuando los pueblos intentan abarcar su historia sin componendas ni artificios, sino repasando con nitidez los capítulos de la misma, se pueden encontrar, entre otras cosas, con muchas sorpresas, con acontecimientos inesperados y, sobre todo, con renglones que han quedado a medio escribir o si quiere a medio memorizar, y es ahí, en ese instante de reflexión y de parón cuando se puede descubrir la esencia, lo significativo, lo que da categoría a una colectividad y que, escondida, no ha hecho más que seguir, no el canto propio, sino el de aquellos que desde la lejanía han compuesto un argumento falaz y destructor.
Las culturas que no cesan por descubrir lo que son deben estar instaladas en la preocupación de saltar sobre obstáculos torticeros que impiden el rescate, aquello que se les ha ocultado, por lo que tendrán que dar un paso definitivo, y tal vez decisivo, para entrar en el recinto futuro de una nueva historia que signifique la identidad como pueblo .
Y ese debe ser el camino, porque cuando se ignora la identidad, que está acribillada por argumentos falaces y que camina dando tumbos, nunca, ese pueblo, llegará recto y erguido hacia su objetivo, sin reafirmar su escondida identidad, que es la que lo definirá dentro del concurso de todos los pueblos del planeta; si es, claro está, que estamos hablando de un escenario donde prevalezca el nacionalismo consecuente que no se deje llevar por cantos de sirena que pueden sonar muy bien, pero que lo único que emiten es ruido, más que otra cosa.

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