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La misteriosa muerte en Tenerife del magnate de los medios, Robert Maxwell, ocupa de nuevo portadas internacionales

Las dudas alrededor de su fallecimiento nunca se han disipado

El 5 de noviembre de 1991, los teléfonos de las redacciones de los medios de comunicación de Tenerife no pararon de sonar. Desde medio mundo querían saber datos sobre la extraña muerte de Robert Maxwell, magnate de los medios de comunicación, encontrado en su barco, el Lady Ghislaine, en aguas de Tenerife. Había venido a Canarias para refugiarse de los escándalos que rodeaban a los medios de comunicación que controlaba, algunos de los más influyentes del planeta. Ahora, la salida de un libro arroja nuevos datos. En 2021, aún no sabemos si Maxwell murió asesinado, se suicidó o fue víctima de un desgraciado accidente.

El fastuoso yate de Maxwell había quedado fondeado en El Palmar, en la costa de Arona. La BBC y The Independent, según recuerda El País, le acusaban de prácticas delictivas en la bolsa y con sus lectores, por lo que, queriendo escapar de todo aquello, optó por viajar hasta Tenerife, donde trataba de encontrar algo de calma. Su cadáver, inconfundible, pues pesaba 140 kilos y medía 1,90, fue hallado en medio del océano, a 32 kilómetros de Gran Canaria, desatando todo tipo de especulaciones.

Betty Maxwell, su mujer, lo tuvo claro desde un principio: “Robert jamás se suicidaría”. Llegó a la Isla junto a un centenar de periodistas, pues para hacernos una de la influencia del magnate, basta con recordar que su familia recibió las condolencias públicas de George H. W. Bush, Mikhail Gorbachov o Margaret Thatcher. La primer autopsia desveló que su muerte se debió a un infarto, pero hubo aspectos nunca aclarados, como que Robert decidiera, por primera vez en su vida, navegar si tripulación alguna, algo que muchos asociaron una posible intención de suicidarse, o que cerrara desde el exterior las puertas de su cabina ya que la llave jamás se encontró.

Dueño de semejante imperio, los posibles enemigos, o personas a las que le interesara su fallecimiento, también eran muchos. Desde gobiernos de algunos países, hasta rivales en la prensa pasando por sus herederos. Sus estrechos vínculos con el Mossad, el servicio secreto israelí, añadieron más misterio al asunto alrededor de un hombre investigado también por crímenes de guerra por asesinar a un civil alemán en 1945, cuando acabó la IIGM en la que murió buena parte de su familia en el campo de exterminio de Auschwitz. La realidad es que, solo un mes después de encontrarse su cuerpo, aquel imperio colapsó.

Ghislaine Maxwell, su hija, está siendo procesada por el escándalo de la red pedófila del caso Jeffrey Epstein, que se suicidó en la cárcel en julio de 2019, lo que provoca que todo lo que rodea a este caso sea aún más turbio. El libro Fall: The Mystery of Robert Maxwel, escrito por el periodista John Preston, vuelve a traer a la actualidad uno de los misterios de la crónica negra canaria más importantes.

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