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Científicos apuestan por una alternativa a la molesta prueba PCR por la nariz

Un grupo de investigadores de la prestigiosa revista médica The Lancet la ha denominado como el 'patrón oro' de la detección de la Covid-19 en el mundo
Una enfermera toma una muestra de un paciente en la carpa instalada en la Dársena Pesquera. Sergio Méndez
Una enfermera toma una muestra de un paciente en la carpa instalada en la Dársena Pesquera. Sergio Méndez

Quien lo ha experimentado lo sabe, y en España son cientos de miles: las pruebas de detección del SARS-CoV-2 que emplean hisopos nasofaríngeos para extraer muestras de patógenos en las profundidades del tracto respiratorio superior, escondrijo privilegiado del coronavirus, son duras. Para el paciente, ya que son pruebas agresivas que, más allá de la incomodidad, pueden provocar dolor, y para los profesionales, que deben practicarlas con un equipo EPI completo al producirse estornudos, toses y otras producciones que aumentarían el riesgo de contagio.

La normalización de los tests en masa para poder volver a realizar actividades públicas con seguridad requiere de pruebas menos agresivas, argumenta un grupo de investigadores de la Universidad de Yale (EEUU) en la prestigiosa revista médica The Lancet. Su apuesta es la de generalizar el test de saliva como ‘patrón oro’ (gold standard) de la detección de la Covid-19 en el mundo. Es “mínimamente invasivo”, las muestras pueden tomarse con un alto grado de fiabilidad en casa y sin asistencia de profesionales sanitarios, y eliminan la ingente necesidad de material y equipos de protección que requieren los tests basados en hisopos.

Se trata de una solución “confortable” para el paciente y “segura” para el profesional, escriben, pero según reconocen, todavía genera “controversia”. No existe un estándar unificado para la recolección de muestras de saliva y su procesamiento como sucede con las PCR o los tests de antígenos, explican, por lo que los estudios que han tratado de determinar su eficacia han dado resultados “conflictivos”, “dudosos” o “inconsistentes”. Los autores lo atribuyen a que los primeros test se desarrollaron con pacientes hospitalizados y casos severos de Covid-19, que provocaban una salivación más espesa que dificultaba su procesado.

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