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Sergio Siverio (Diversas): “Canarias es referente, pero sigue siendo un entorno hostil para muchas personas LGBTI*”

El presidente de la asociación que defiende los derechos del colectivo en el norte de Tenerife encara el Día del Orgullo con optimismo por los últimos avances logrados, como la Ley Trans canaria, pero recuerda que todavía queda mucho trabajo por hacer
El presidente de Diversas, Sergio Siverio, en una entrevista con Diario de Avisos. | Sergio Méndez

Sergio Siverio (1996) preside con orgullo la Asociación LGBTI* Diversas, que lucha por los derechos y la visibilidad del colectivo desde el norte de Tenerife. Reconoce que en las Islas “hemos tenido un impulso mayor por la aprobación de la Ley Trans canaria, que ha sido una auténtica revolución”, pero apunta que todavía queda mucho trabajo por hacer en las calles y en las escuelas, entornos en los que la LGBTIfobia sigue presente pese a que estamos ya en el Siglo XXI. “Yo he cogido de la mano a mi chico, no en el Norte, sino en el centro de Santa Cruz, y nos han dicho: “Mira tú para esto”, “estos quiénes se creen que son”. No obstante, Siverio, que actualmente es doctorando en Derecho Constitucional por la Universidad de La Laguna, ha decidido encarar la vida con “valentía”.

-¿Cuál es el motivo de la asociación que preside? Tengo entendido que va más allá de unas siglas y de agrupar a personas gais, lesbianas, transexuales o bisexuales.

“Diversas nació en el año 2015, con el objetivo de defender los derechos del colectivo LGBTI* en la zona norte de Tenerife. La intención, sobre todo, era dar visibilidad, pero también generar espacios seguros, porque sabíamos que no es lo mismo ser lesbiana, gay, trans, bisexual o intersexual en el centro de Santa Cruz o en La Laguna, que serlo en El Palmar, Las Llanadas, La Vera o en cualquiera de los barrios del Norte, y estábamos necesitadas de esos espacios para ser libres e iguales con personas, en definitiva, que tenían una orientación o identidad de género diversa. En ese sentido, Diversas no es sectaria, ya que pueden formar parte de la entidad personas heterosexuales o cisexuales, que no son trans. En apenas seis años hemos puesto en marcha una gran cantidad de proyectos, no solo para generar espacios seguros para el colectivo, sino que también, en un determinado momento, para dar un salto hacia la atención de las personas LGBTI*.

-¿Alguno de esos proyectos ha tenido una trascendencia especial?

“Mantenemos dos proyectos de atención, que son los más importantes, y un proyecto más puntual. El primero que pusimos en marcha es ‘Espacio cero’, un servicio de atención integral a la salud sexual y de detección precoz de VIH, sífilis y hepatitis C. Las personas, para poder hacerse las pruebas rápidas, tenían que acudir al área metropolitana o al sur de la Isla para conocer su estado serológico y prevenir las infecciones de transmisión sexual. Nuestra lucha está muy ligada, por un asunto de memoria histórica, a la de los derechos de quienes viven con VIH y a la prevención en el ámbito de la salud sexual. Por otro lado, está el proyecto que iniciamos en el año 2020, que es ‘Asterisco’. Se trata de un servicio de acompañamiento psicológico y social para las personas LGBTI* y sus familias en el norte de Tenerife. Ha sido, de alguna manera, encontrarse con la realidad más primaria de las personas LGBTI*, porque se han acercado más de un centenar de personas a nuestro colectivo y también sus familias. Lo cierto es que no queremos dejar atrás las necesidades que también tienen esas familias, sobre todo de personas jóvenes, al descubrir y ser conscientes de la orientación sexual o la identidad de género de sus hijas e hijos, queremos acompañarles en ese proceso vital. Estos dos proyectos han sido clave, pero no nos podemos olvidar de la intervención, que son iniciativas que desarrollamos en la sede y que luego llevamos a los centros educativos, algo que es vital. Ese se llama ‘Educarnos’ y con él hacemos intervención en los 31 centros educativos del Norte en materia de educación afectivo sexual y de género”.

-A colación del proyecto ‘Educarnos’, que implica ir a las escuelas, informar y concienciar a los más pequeños, ¿qué opinión le merece la decisión de Hungría de no hablar de la homosexualidad o del colectivo LGBTI en los colegios?

“Es una vergüenza. El gobierno húngaro puede creer que por dejar de hablar de la homosexualidad en las escuelas va a dejar de haber personas LGBTI*, incluso menores, porque las personas LGBTI* descubrimos nuestra orientación sexual en cualquier momento de nuestra vida, incluso desde muy jóvenes; en mi caso con 13 años. Dejar de hablar de la homosexualidad en las escuelas, lo único que hace es que te sientas un bicho raro y que tu realidad no encuentre sentido, porque lo que no se nombra, no existe. Lo del gobierno húngaro a lo mejor nos queda un poco lejos, pero es precisamente lo que quiere hacer VOX y el Partido Popular en escuelas de algunas comunidades autónomas a través del pin parental. Es decir, defienden el no hablar de educación afectivo sexual a nuestras hijas, hijos e hijes porque no están preparadas para escuchar determinadas cosas y es, justamente, lo contrario. Los menores, los jóvenes, tienen derecho, un derecho fundamental y humano, a recibir educación afectivo sexual, no porque lo diga yo o lo diga Diversas, sino porque lo dicen los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos; porque lo dice la normativa en materia educativa y lo ha dicho el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Hay una cosa que tiene Diversas, que creo que nos hace distintas al resto de intervenciones que hacen profesionales o expertos, que es que vamos a contar nuestra experiencia como personas jóvenes, mayoritariamente, en los centros educativos. Vamos entre iguales para decirles qué es lo que nosotras vivimos y cómo se puede salir de un cierto bucle que, en muchos casos, lleva a una situación de malestar a los jóvenes LGBTI*, ya sea por el acoso escolar, por el riesgo de suicidio o por un montón de cuestiones que pasan en los centros educativos y que tenemos que prevenir con proyectos de intervención no paracaidistas, sino continuados en el tiempo, rigurosos y serios”.

-¿Qué diferencias existen entre pertenecer al colectivo LGBTI* en determinados núcleos del norte de Tenerife y otros con más población, como la zona metropolitana?

“Existe una diferencia fundamental; cuanto más grande sea la ciudad, cuanto más grande sea el entorno donde se vive, más fácil es pasar desapercibido. En los pueblos y en las zonas rurales tu visibilidad es casi obligada, si no tienes que imponerte una suerte de bloqueo hacia tu expresión de género, tu diversidad sexual, para que el resto no te señale con el dedo opresor de los entornos rurales. En muchos casos es muy difícil. Sabemos que existen problemas de visibilidad de las personas LGBTI* en los entornos rurales y por tanto, también más discriminación, porque todos, todas y todes nos conocemos y es mucho más fácil señalar con ese dedo. Creo que viviendo en esos barrios, en esos pueblos del norte de Tenerife o en cualquier otro espacio rural se es mucho más consciente de qué significa ser LGBTI* en entornos rurales. No es lo mismo vivirlo en Chueca o en el centro de Madrid, donde todo pasa totalmente desapercibido, ya decía Ayuso que no te encontrabas ni con tu ex… No tiene que ver tanto con eso, sino con que aquí (en los entornos rurales) la visibilidad es obligada. Las personas LGBTI* nos vemos obligadas a salir del armario todos los días cuando nos preguntan: ‘¿Y qué, ya tienes novia?”.

-Esa famosa frase de “ya tienes novia” o “ya tienes novio” está muy arraigada en la sociedad.

“Tenemos un problema en España con la educación afectivo sexual y, por consiguiente, en todas sus comunidades autónomas. Expertas y expertos en el ámbito de la sexología ya han señalado que tenemos que profundizar en la educación afectivo sexual, porque esto va a ir en la mejora de la sociedad y en el respeto a la igualdad. La educación afectivo sexual no puede ser solo esos talleres puntuales que hacemos entidades como Diversas, que estamos encantadas de hacerlos y que nuestra experiencia nos dice que tienen un sentido crucial. La educación afectivo sexual tiene que ser un valor transversal en todo el ámbito educativo, no puede ser como antes, que se veía como un tema tabú. Aún en algunas escuelas, en función de la voluntad del profesor o la profesora, esto se ve como un tabú, como algo que se puede esquivar. Debería tratarse como una prioridad en el ámbito educativo y desde la infancia, algo que, creo, incorpora como tal la nueva ley educativa. Existen países, de hecho, en los que es una asignatura obligatoria. En Dinamarca hay organismos internacionales, jueces y juezas que han señalado que la educación afectivo sexual debe ser obligatoria para todas las personas, porque eso va a repercutir en que no se produzcan estereotipos, en que no aumente el acoso escolar y se entiendan este tipo de cuestiones. Y esto no es ideología de género, es ideología de la igualdad, ideología de la constitucionalidad. Es entender que las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad y que eso implica un derecho a su diversidad sexual, de género y familiar”.

-En términos generales, ¿considera que Canarias es un espacio seguro para el colectivo LGBTI*?

“Canarias es referente en la diversidad, no solo por los colectivos activistas que estamos, que somos más de una docena de entidades LGBTI* y trans. Canarias es referente, pero sigue siendo un entorno hostil para muchas personas LGBTI* porque no estamos exentas del resto de la sociedad. Sigue habiendo mucha discriminación hacia el colectivo, si decía antes que no era lo mismo ser lesbiana, gay, trans o bisexual en un barrio del norte de Tenerife que en Santa Cruz de Tenerife, imaginémoslo en una isla no capitalina, en un municipio de La Palma, de El Hierro o La Gomera. Las realidades son muy dispares, hay islas, como El Hierro o La Gomera, en las que no hay colectivos y esto es indicativo de la situación. ¿Es porque no hay personas LGBTI* en El Hierro o La Gomera? No, es porque visibilizarse como persona LGBTI* en El Hierro o La Gomera ahora mismo cuesta: cuesta reputación social, ser señaladas con el dedo. Si pensamos en esto en el año 2021, decimos: “Esto no puede estar pasando”, pero claro que pasa. Cuántas veces hemos dicho en el Norte: “Vamos a hacer una acción reivindicativa o un manifiesto del orgullo, ¿tú estarías dispuesta?”, y respondernos: “Mira, yo puedo ir a la asociación, pero visibilizarme nunca, porque está mi tía, está mi madre…”. Con lo cual, queda mucho por hacer en Canarias a nivel legislativo. Ahora, por último, hemos tenido un impulso mayor por la aprobación de la ley trans e intersex canaria, que ha sido una auténtica revolución”.

-Ha sido una revolución no solo a nivel autonómico, sino también nacional.

“La ley canaria, lo digo no solo como presidente de Diversas, sino como profesional del Derecho, es la más avanzada de todas las comunidades autónomas del país, ya que al ser la última que ha llegado, la décimo segunda de todas las que hay en las CC.AA., ha recogido el guante de todas esas legislaciones y las ha mejorado con cosas que hemos incorporado. Esto es importantísimo, pero aún queda mucho camino por recorrer, porque no solo está la ley; el derecho debe servir como una herramienta para la transformación social, pero queda trabajo para llegar a pie de calle. Desde Diversas defendemos a su vez -es una reivindicación importante con motivo del Orgullo- que Canarias debe tener una ley de igualdad LGBTI* en el ámbito de sus competencias para lesbianas, gais, trans y bisexuales, y también para la orientación del deseo sexual, como tienen otras comunidades como la Comunidad Valenciana o la Comunidad de Madrid. En Canarias también necesitamos leyes LGBTI* o protocolos que nos protejan en todos los espacios, como en el universitario, donde ya existe el reglamento de atención a la diversidad de género, que fue elaborado por los colectivos y aprobado por el consejo de gobierno de la universidad. La diversidad debe inundar todos los entornos. Muchas personas heterosexuales nos plantean por qué tenemos que decir que somos lesbianas, gais, trans o bisexuales si ellos no tienen que decir que son heterosexuales. A día de hoy, cuando voy con mi novio por la calle, me señalan con el dedo, me miran o me insultan, como me ha pasado, y a ti no. Y por eso tengo que visibilizarme, porque eso es el Orgullo; el Orgullo es visibilizarse, porque sabes que tu visibilidad va ayudar a otras personas a ser libres y normalizar algo natural como la diversidad”.

-¿Qué supondrán estos avances, como la autodeterminación del género, en las personas LGBTI*?

“Va a suponerlo prácticamente todo. Las personas trans, ya digo, tienen que pasar un proceso muy complejo para ver reconocida su identidad de género en el DNI, estar durante dos años hormonándose -y no todas quieren hormonarse-, tener un informe psiquiátrico… y eso a día de hoy ya no pasará. La autodeterminación de género supone darle valor jurídico a tu declaración de voluntad expresa. Mi identidad de género es esta, diga lo que diga mi genitalidad, el informe médico, que nada tiene que decir sobre mi identidad de género, porque mi identidad de género no es lo que tengo entre las piernas, sino mi propio sentimiento sobre lo que soy, y eso es vital porque es legislar: convertir en derecho lo que ya están viviendo. No va a cambiar sustancialmente su percepción de su propia identidad, eso va a seguir existiendo, las personas trans, las personas LGBTI* llevamos existiendo toda la vida, pero por fin, por lo menos, van a encontrar un amparo en la legislación y en las administraciones públicas para ser quienes son, sin pasar un proceso complejísimo, sin ser señaladas con el dedo, sin este tipo de cuestiones. La ley LGBTI*, por su parte, va a ser vital porque, por fin, va a dotarnos de los mecanismos para prevenir los delitos de odio por orientación sexual o identidad de género que siguen sucediendo en nuestro país, con tasas enormes y con muchas personas que no denuncian porque sienten que hay impunidad. Todo esto nos va a hacer conseguir derechos que ya deberíamos tener conquistados desde hace mucho tiempo”.

-Hemos visto en las redes sociales, especialmente en los últimos tiempos, situaciones de discriminación, delitos de odio, fruto de la LGBTIfobia, en los metros, transportes públicos… Estamos en el año 2021, en el siglo XXI y, sin embargo, se siguen produciendo estas situaciones, ¿usted las ha vivido en primera persona?

“Sí, yo creo que casi todas las personas LGBTI* hemos vivido en algún momento, en mayor o menor medida, con más o menos gravedad, situaciones parecidas a la del metro de Barcelona o la de un conocido bar de Madrid. En mi caso, lo viví en el ámbito educativo, con un acoso escolar donde día sí y día también escuchaba ‘maricón’, ‘bujarra’… todos los insultos que se nos puedan ocurrir, todas las conjugaciones del sustantivo gay u homosexual, menos gay u homosexual, se podían repetir cuando llegaba a la escuela. Uno se puede imaginar que estas son cosas muy simbólicas, pero cuando lo tienes que vivir todos los días, desde que sales del instituto hasta que llegas a tu casa… Y, claro, llega el momento en que uno decide rebelarse ante una cierta injusticia. Yo tuve la suerte o la valentía de ser visible desde muy joven, muchas personas se ocultan, pero yo no tuve ningún problema en expresarlo y la visibilidad a veces cuesta cara, desde señalarte con el dedo hasta que te insulten, hasta el punto de que en un momento se llegó a la violencia física, no solo a mí, sino que también a un muy buen amigo que creían que era mi pareja, nada más lejos de la realidad. Ese grupo de matones de barrio, digamos, terminó pegándonos una paliza y a mi mejor amigo lo tiraron por unas escaleras, fue un tema muy complejo. Todas las personas vivimos ese proceso. También hay muchas situaciones en las redes, gente que se crea perfiles falsos para escribirte y decirte burradas de todo tipo. En la misma calle, yo con mi chico, muchos años después, lo he cogido de la mano, no en el Norte, sino en el centro de Santa Cruz, y hay quien te mira y te dice: “Mira tú para esto”, “estos quiénes se creen que son”. Pero tienes que ganar en valentía. Siempre me preguntan si les guardo rencor a mis acosadores; no tendría ningún problema en hablar con ellos, porque lo que me producen es muchísima pena. Soy consciente de que ahora quien mira con la cabeza alta y con orgullo soy yo y quienes la bajan son ellos. Es un proceso largo que por el camino se lleva muchas vidas. Yo tenía una red de apoyos, de profesionales y de familiares que me acompañó, pero muchas personas no la tienen y eso supone un riesgo muy grave. Los efectos que tiene la LGBTIfobia en la salud mental de las personas es muy grave. Siempre nos han acusado de ser enfermos mentales, pero la enfermedad mental no estaba en nosotras, sino en lo que la sociedad nos estaba haciendo. Lo que nos causaba depresión o ansiedad está directamente relacionado con la violencia que sufrimos en las calles, no con nuestra identidad de género u orientación social. La enfermedad está fuera, se llama LGBTIfobia”.

-¿Llegan a la asociación Diversas jóvenes que hayan vivido situaciones como la suya?

“Llegan cada día personas LGBTI*, especialmente en el año 2020 y 2021, también como fruto de los efectos de la pandemia. Como todas las organizaciones del tercer sector, nosotros hemos aumentado la atención a los usuarios tanto en el ámbito psicológico como social. Somos una entidad que obtiene financiación pública y esas personas buscan especialmente ser escuchadas, hablar, desahogarse y entender que hay otra al otro lado que le escucha y sabe quién es. Ojalá, cuando yo era un pibito, hubiera existido una asociación como Diversas. Yo tuve la suerte de nacer en Los Realejos, donde hay un plan municipal de educación afectivo sexual, que es pionero y lleva más de 20 años de trabajo, independientemente del partido que va gobernando sucesivamente, pero no todas tienen esa suerte, esa oportunidad de contar con equipos de profesionales y eso es lo que intentamos desde Diversas, no solo quedarnos en el activismo. Eso quiero que quede claro, el Orgullo se lo intentan apropiar las instituciones como si fuera suyo, al igual que las empresas, que cambian sus logos con los colores del colectivo. Quiero que quede claro que el Orgullo es una fecha reivindicativa que pertenece a las entidades LGBTI*, porque cuando ninguna de esas empresas ni de esas personas salían a la calle a defender nuestros derechos, salíamos solas a partirnos la cara, cuatro gatas, a las ramblas de Santa Cruz, cuando en el año 78 se produjo la primera manifestación en Tenerife. Entonces, me parece estupendo que las instituciones y empresas se sumen y estén de nuestro lado, pero de nuestro lado, no delante de nosotras”.

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