El charco hondo

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Aunque las pequeñas propiedades dan vida a la agricultura de subsistencia (muchas de ellas inactivas, debido a la emigración del campo a la ciudad), en Extremadura predominan las grandes explotaciones -de agricultura extensiva- con unos índices de producción muy bajo. Con varias denominaciones de origen, la economía extremeña tiene en los vinos, quesos y aceites […]

Aunque las pequeñas propiedades dan vida a la agricultura de subsistencia (muchas de ellas inactivas, debido a la emigración del campo a la ciudad), en Extremadura predominan las grandes explotaciones -de agricultura extensiva- con unos índices de producción muy bajo. Con varias denominaciones de origen, la economía extremeña tiene en los vinos, quesos y aceites algunas de sus bazas, qué decir del pimentón o el tomate. Así las cosas, si en esa comunidad autónoma despertaran estos días regresando a cifras de contagios de principios de abril, rondando las trescientas infecciones y con la variante delta amenazándoles el verano, los extremeños tendrían que gestionar, y contrarrestar, un problema sanitario -y sus derivadas sociales o laborales, sin duda, pero sanitario-. Volver a la estadística de principios de abril sería mala cosa para los extremeños, pero millones de británicos no dejarán de ir a esa región porque estén rondando una incidencia de trescientos, básicamente porque millones de británicos no están esperando a que bajen los contagios para volar a Extremadura y pasar allí sus vacaciones. Cosa bien diferente es lo de Canarias. Cuando en las Islas los contagios se incrementan de forma bastante notable, situándonos en el número de casos más alto desde el ocho de abril y con la barrera de los trescientos integrada en el paisaje diario, a diferencia de Extremadura, La Rioja, Aragón, Cantabria o Murcia -regiones a las que no les va la vida con el turismo británico, alemán, nórdico o centroeuropeo- con la estadística de estos días lo que en otras partes dibuja un episodio sanitario, aquí, en las Islas, al lío sanitario se une el problema económico que nos genera alejarnos, y de qué manera, de los datos que exigen nuestros mercados -con los británicos como protagonistas estelares- para volar a las Islas, pasar aquí sus vacaciones, llenarnos los hoteles, resucitar la cadena de producción de la que directa o indirectamente tira el turismo e iniciar la remontada. La presión asistencial ha caído, el luto diario de los fallecidos se aleja de las peores semanas y el ritmo de vacunación irá arrinconando al maldito virus. En términos generales, la situación ha mejorado; el problema es que mientras en otras comunidades una incidencia de trescientos se mueve en el terreno de lo sanitario, a los canarios nos genera un descosido económico encadenándonos a las listas de destinos desaconsejados e inquietantes, alejando en el calendario el día que los británicos vuelvan, por fin, a bajar del avión en nuestros aeropuertos. Más nos vale hacerlo mejor, pero ya.