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Clemencia Hardisson, miss Tenerife y miembro de la Resistencia

Caritativa e inteligente, se convirtió en la musa de grandes pintores como Bonnín y Martín González, entre otros; fue encarcelada por Franco por ser una persona “muy peligrosa”

Clemencia Hardisson nació en Tenerife –no sé si en Santa Cruz o en La Laguna— en 1908 y murió en el año 2000. Es la única persona (vamos a quitar a Franco, en su día) a la que le dedicaron calles en Santa Cruz y en La Laguna, calles cuyos nombres se mantienen.
Se llamaba Clemencia Hardisson Vouters y quienes la conocieron afirmaban que era una mujer entregada a los demás, caritativa e inteligente, que fue musa de los mejores pintores de su época –Bonnín, Martín González, etcétera— y que se convirtió, con muy pocos años, en la primera Miss Tenerife. Antes, incluso, que la mítica Alicia Navarro Cambronero.
Heredera de los terrenos sobre los que se edificó el Barrio de Gracia lagunero, su madre era baronesa de Coppens y estaba emparentada con las principales casas reales europeas. Clemencia creció en un ambiente aristocrático, pero liberal, y hay quien dice que conspiró contra Franco con los generales monárquicos Aranda y Kindelán, aunque hay también quienes lo niegan.
Fue encarcelada por Franco, según su expediente, rescatado por el historiador de la Guerra Civil Pedro Medina, por ser persona “muy peligrosa”. Estuvo dos años en la cárcel de mujeres de la capital tinerfeña, pero a juzgar por testigos de allí dentro, “no había quien la aguantara”. En realidad, entró en prisión por su amistad íntima con un ingeniero portuario llamado José Luque, que había sido catalogado como anarquista por las autoridades franquistas y del que no se sabe si fue fusilado o no. Era más bien su novio y ambos comulgaban con la idea del antifranquismo.
También fue amiga del catedrático Mainar, que fue rector de La Laguna y que era conocido por sus ideas republicanas, contrarias al régimen recién instaurado en España. Es curioso, uno de los cargos que la policía sostiene contra ella es haberla visto “paseando con el catedrático Mainar”. Y otro por su relación con un individuo apodado Galán, conocido anarquista. Ya lo ven, pasea y sufre las consecuencias. Muy típico de la época.
En 1929 fue elegida Miss Tenerife, pero al tiempo que lucía su espectacular belleza, se mostraba como una mujer independiente, con ideas propias y muy resolutiva. De su familia heredó vastas extensiones de terrenos próximos al casco urbano de La Laguna. Pero lejos de venderlos, los regalaba a los más necesitados. Algunos autores –que también han escrito sobre ella, como Rubens Ascanio y Yanira Hermida— y varios otros la sitúan como integrante de la inteligencia británica en Canarias durante la Segunda Guerra Mundial. Pero esto se decía de casi todos los sospechosos de enfrentarse al Movimiento Nacional.
Tras lograr salir de su arresto huyó a Bélgica y a Francia. En 1940 se alista en la Resistencia francesa y su actuación durante la contienda europea contra los alemanes fue tan arriesgada y tan eficaz que el héroe militar galo, general De Gaulle, que luego sería presidente de la República Francesa, le concede y le impone, en acto solemne, la insignia de la Legión de Honor, en 1945.
Se dice que era amiga del primo y biógrafo de Franco, general Franco Salgado-Araujo, alias Pacón, y se comenta que fue a instancias de este por lo que consiguió ser liberada de la cárcel de mujeres de Santa Cruz y sometida a arresto domiciliario, con vigilancia policial.
Parte de los terrenos de lo que es hoy el Barrio de Gracia fueron donados por Clemencia Hardisson Vouters a las personas necesitadas, para que sobre ellos se construyeran viviendas sociales para ellas. Siempre decía lo que pensaba, era una mujer valiente. Los solares donde se fabricó el museo y la gran antena del Astrofísico también eran suyos.
Después de su estancia en Bélgica y Francia, y de recorrer prácticamente toda Europa, regresa a Tenerife en la década de los sesenta y ya nunca más abandonó la isla por largos periodos de tiempo. Murió con 92 años. Antes de huir a Francia y a Bélgica, en plena Guerra Civil, violó varias veces el arresto domiciliario al que fue sometida, lo que traía de cabeza a la policía franquista. Pero Franco Salgado-Araujo nunca dejó de protegerla y eso le libro del fusilamiento.
La Laguna y Santa Cruz le dedicaron calles a esta descendiente de Carlomagno, que fue madrina del C.D. Tenerife. La denominaron la condesa roja, pero más bien porque entonces era rojo todo lo que no fuera azul. Para nada merecía este calificativo. Sencillamente, fue una mujer valiente y liberal, que luchó por lo que consideraba justo. Y murió en paz, en una isla a la que adoraba, después de una vida apasionante.