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Este artículo se lo voy a dejar a Julio Camba

Decía el inolvidable Camba que si él hubiera sabido inglés no habría ido a Inglaterra como corresponsal porque un país no es interesante más que mientras no se le entiende. “En cuanto se le entiende, la vida parece clara, fácil y estúpida”. “Mi plan es permanecer en Londres justamente hasta que se me entienda; entonces […]

Decía el inolvidable Camba que si él hubiera sabido inglés no habría ido a Inglaterra como corresponsal porque un país no es interesante más que mientras no se le entiende. “En cuanto se le entiende, la vida parece clara, fácil y estúpida”. “Mi plan es permanecer en Londres justamente hasta que se me entienda; entonces me iré”, añadía. Y luego, Camba contaba en un artículo lo de Bernard Shaw, al que su editor le ofreció pagarle veinte céntimos por palabra. Shaw quería 30, pero al final aceptó. Y al cabo de un par de meses se presentó ante el editor con el original. “Pero aquí hay muy pocas palabras”, le dijo, “va a usted a cobrar muy poco”. “Se equivoca, se equivoca, cuéntelas”. El editor se quedó aterrado, Bernard Shaw había escrito el libro con monosílabos. “Le hubiera venido más a cuenta pagarme treinta céntimos por palabra porque entonces yo hubiera usado menos monosílabos y usted habría salido ganando”. Intentaba demostrar Camba –y Shaw, por lo que parece— que en Inglaterra se puede vivir sin saber inglés, sólo utilizando monosílabos y tiene toda la razón. Una vez, Camba se encontró a un español que había ido a Londres a no hacer nada, sin una triste libra en el bolsillo. “¿Y a qué ha venido usted?”. “A nada”. “¿Y qué tal, va triunfando usted?”. “Sí”. Sostenía el solitario del Palace que había conocido a docenas de españoles en partes muy lejanas del mundo que estaban allí sin hacer nada, porque el trabajo puede ser una necesidad fisiológica para un inglés, pero no para un español. El vago de la literatura se hace crítico y el de la calle se hace filósofo. Todo esto está bien para ser tratado sociológicamente y yo no me siento capacitado. Mas leyendo a Julio Camba, que es una delicia, he decidido que él sea quien les escriba hoy y les alegre el día.