Tribuna

La Laguna, septiembre y El Cristo

La calle de El Agua, por acuerdo del Cabildo, se llamó la Principal, por cubrir un itinerario comprendido entre las casas de Alonso Fernández Lugo, donde está hoy el convento de Las Monjas Catalinas, en la Plaza del Adelantado, y el convento de San Miguel de las Victorias. En este lugar y poco después del […]

La calle de El Agua, por acuerdo del Cabildo, se llamó la Principal, por cubrir un itinerario comprendido entre las casas de Alonso Fernández Lugo, donde está hoy el convento de Las Monjas Catalinas, en la Plaza del Adelantado, y el convento de San Miguel de las Victorias. En este lugar y poco después del comienzo de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Laguna a principios del siglo XVI, es donde se custodia y se venera la milagrosa imagen de estilo gótico del Crucificado, una talla de origen flamenco esculpida por Louis Van Der Vule.

Durante todo el año, las visitas al Cristo han sido constantes a lo largo de los más de cinco siglos de presencia de esta milagrosa imagen en nuestra ciudad. No solo los laguneros, que casi por “obligación“ visitamos todos los viernes el Santuario, sino un fluido constante de visitantes, tanto de nuestra Isla, como de cualquier otra del Archipiélago. Todos sin excepción visitamos al Cristo, bien para agradecerle o pedirle algo. Todas las personas que lo visitan obtienen respuesta, como dice la copla…sus labios no se movieron y, sin embargo, me habló.

El Santuario del Cristo y sus dependencias, este año mejoradas con la inauguración del Museo de Arte Sacro, ha constituido desde siempre el eje central de la Ciudad, como hemos podido comprobar desde el diseño de la misma dirigiendo sus calles más importantes hacia ese lugar.

Desde hace algunos años hemos venido defendiendo que la Plaza del Cristo, en su actual espacio, unida a los terrenos anexos que desde hace años estaban ocupados por el Grupo de Artillería del Ejército Español, debería convertirse en el gran parque urbano de la ciudad. Esta gran zona verde sería el lugar de ocio y recreo más grande de Canarias, con senderos, jardines, fuentes e incluso con un pequeño lago que recuerde que el origen de nuestra Ciudad fue una laguna. Este lago podría conectar con alguno de los canales actuales que se encuentran en la zona. El Santuario y sus dependencias constituirían el núcleo central de esa gran plaza, integrada en la maravillosa zona que forma el Camino de las Peras, el Camino Largo y los Parques de la Vega y de la Constitución. A este gran espacio verde se le integraría la recuperación de las montañas de San Roque y la Gallardina, dotándola de senderos, lugares de paseos y prácticas de deporte al aire libre.

La actual Plaza del Cristo no puede continuar en las condiciones actuales por más tiempo. El echo de agilizar el expediente para trasladar a su lugar de origen el mercado lagunero no debe implicar el retraso para iniciar estas obras, que no es solamente cuestión de dinero, sino un proyecto que requiere imaginación y amor por una Ciudad que lo tiene todo. La elaboración de un plan director, agilizar las negociaciones con el Ministerio de Defensa y empezar las obras debe ser tarea prioritaria. Esta iniciativa no debe dilatarse por más tiempo, debiéndose aprovechar muchos de los espacios existentes integrándolos en ese gran proyecto, como lo es la casa de verano de los capitanes generales y las zonas verdes existentes.

El periodista lagunero Leocadio Machado nos dejó escrito en su libro Crónicas de la Ausencia que en la ancha y destartalada plaza de San Francisco que acaso fuese un lugar adecuado para dar albergue a aquel Jardín Canario con el que soñaba el ilustre alcalde y sabio botanista don Domingo Bello Espinosa. Sería un centro de solaz para el turismo y de gran interés científico para los que desconocen las bellezas y originalidades de la flora canaria. Ese museo, esa hermandad de plantas isleñas, en ningún sitio estaría mejor situado que en La Laguna, corazón de la isla, estuche de las mas puras esencias de la tierra.

Una parte importante de esta zona verde y de ocio debe seguir cumpliendo los objetivos que siempre tuvo la Plaza del Cristo, como lugar donde se celebran las fiestas desde 1607, que tienen su origen en la cantidad de milagros que favorecieron a muchas personas que se encomendaron al Cristo, y que, por parte de las autoridades de la época, los señores de Justicia de la Isla y la ordenanza promulgada el 17 de septiembre de 1612, se instituyen la fiesta y su día principal el 14 de septiembre.

La Plaza del Cristo siempre ha sido un lugar de alegría, un espacio para el ocio, tanto para los mayores como para los niños. Se llegó a utilizar como campo de fútbol, allí jugó el recordado y querido equipo infantil y juvenil del San Francisco. También fue cancha improvisada para la práctica del baloncesto. Lugar donde desde siempre los niños aprenden a manejar la bicicleta, el patín y otros juegos infantiles. Por todo ello, no se deberían conceder licencias de actividades que hipotequen el futuro de lo que fue siempre esta gran zona.

El triángulo que delimita el casco histórico de La Laguna, formado por el vértice que une La Concepción, calle de Herradores, Plaza de San Cristóbal, y desde esta, por la calle de Santo Domingo, Plaza del Adelantado y la nueva Gran Zona Verde y Deportiva de la Plaza del Cristo, vertebraría la zona histórica y peatonal de Aguere. Nos parece un error, tal como se ha demostrado actualmente, peatonalizar otras vías fuera del marco que hemos descrito, que no es otro que lo que constituye el casco histórico.

*Exteniente alcalde del Ayuntamiento de La Laguna y exconsejero del Cabildo de Tenerife