El charco hondo

Polillas

A la familia de allí, a los amigos, a los amigos de los amigos que hemos hecho cuando por trabajo u ocio paramos por allá, también a los desconocidos, a los conocidos, a los familiares de los conocidos y a quienes puedan quedarse con una idea distorsionada de los españoles; a todos, perdón. Conjúguense las […]

A la familia de allí, a los amigos, a los amigos de los amigos que hemos hecho cuando por trabajo u ocio paramos por allá, también a los desconocidos, a los conocidos, a los familiares de los conocidos y a quienes puedan quedarse con una idea distorsionada de los españoles; a todos, perdón. Conjúguense las disculpas en pasado imperfecto o presente, tanto da; a todos, perdón. Doce de octubre. Qué mejor día. A aquellos que hayan escuchado las reflexiones prefabricadas por los caricaturistas de Isabel Díaz Ayuso, a quienes centroamericanos o sudamericanos se hayan sorprendido o indignado tanto como avergonzados nos hemos sentido acá, perdón. A quienes allá leyeron lo dicho por el peor ex presidente que haya tenido España, cuando ensució con malas artes y peores intenciones el discurrir de la Historia que nos ha traído hasta aquí, arrojando gasolina sobre las hogueras de lo que fue o exhibiendo un tono tan absurdo como premeditadamente imperialista, a aquellos que leyeron a José María Aznar insultando o menospreciando al indigenismo, a ellos, perdón. Claro que tenemos que pedir perdón, verbalizarlo en pasado o presente. Debemos disculparnos por aquello y por esto, por voces como la de Cantó, estómago agradecido capaz de poner en ridículo a mi país -un país, el nuestro, generoso con la estupidez- con afirmaciones tales como que, lejos de colonizar América, España se limitó a liberar a los indígenas sojuzgados por un poder absolutamente brutal, salvaje y caníbal. Perdón, sí. Disculpémonos porque palabras como las de Ayuso, Aznar o Cantó -actor tan insignificante como el político sobrevenido que está interpretando- ofenden la inteligencia, el conocimiento, la Historia y la memoria de cientos de millones de personas que allá no merecen ser insultadas por las memeces de acá. Perdón. Quienes así se han expresado ignoran pero no improvisan, pretenden exhumar los huesos del imperio que fue, flirtear con el delirio franquista, pescar en la peor cara del nacionalismo español, ¿acaso el siguiente renglón apolillado será pedir que abandonemos la Unión Europea?. La familia que tenemos allá, los amigos que hemos hecho allí y sus familiares, quienes se hayan sentido ofendidos, deben saber que nos avergüenza la desvergüenza de estos imperialistas de tapa, moqueta y caña, ignorantes conscientes o inconscientes, capaces de ponernos en ridículo haciendo el ridículo con discursos tan incendiarios como casposos, indocumentados y maleducados. Doce de octubre. Qué mejor día. Perdón.