El charco hondo

G-18

Creo que fue Daniel Innerarity quien años atrás recuperó la idea de que el siglo XXI alimenta un espejismo, sembrando una ficción de revolución (en todos los ámbitos, con el tecnológico en lo más alto del cartel) que no siempre encaja en la realidad de las cosas. Catedrático de Filosofía Política, se detuvo Innerarity en […]

Creo que fue Daniel Innerarity quien años atrás recuperó la idea de que el siglo XXI alimenta un espejismo, sembrando una ficción de revolución (en todos los ámbitos, con el tecnológico en lo más alto del cartel) que no siempre encaja en la realidad de las cosas. Catedrático de Filosofía Política, se detuvo Innerarity en la doble velocidad a la que avanza lo contemporáneo, porque -según apuntó- tan cierto es que sobre la superficie los cambios avanzan a velocidades de vértigo como que el ritmo de lo sustancial difiere poco de lo que se haya podido vivir en épocas pasadas, recientes o no. Simplificando, aunque los cambios no dejan de sucederse lo esencial tiende al inmovilismo. Ni siquiera una pandemia, capaz de parar en seco los motores, parece haber sido suficiente para acelerar innovaciones que sectores como el turístico están pidiendo a gritos. Muchísimo se ha hablado o escrito sobre cómo cambiarán las cosas, pero cunde la sensación de que la inmensa mayoría de aquellos mensajes, recetas, eslóganes y mantras -repetidos sin desmayo- han caído en el olvido cuando los establecimientos recuperaron la ocupación (a cobrar a cobrar, que el mundo se va a acabar). Claro que hay casos y casos. Hay quienes, en el ámbito público y privado, sí se han tomado en serio darle una vuelta, repensar algunas metas o apuntalar otras, definir líneas de trabajo, marcarse objetivos en el convencimiento de que los destinos turísticos deben lograr o acercarse a la excelencia en salud e higiene, en seguridad o gestión de datos, así como incrementar la eficiencia y especialización de los mensajes, dar un salto sin precedentes en el uso de la tecnología, acertar en el desarrollo de nuevos productos o servicios, abrirse a otros nichos (teletrabajo, por ejemplo), marcarse estrategias de crecimiento sostenibles e inteligentes e impulsar éstas y otras mejoras, pasos que hagan realidad el desafío de no perder el tren del presente inmediato que la pandemia nos ha dejado en herencia. En esta dirección, bien está que dieciocho municipios turísticos del país se hayan reunido en Adeje para hablar de financiación y gestión de fondos; pero, sobre todo, para estudiar cómo dar el salto en calidad, diversidad y sostenibilidad (acompañándolo con una reforma profunda de los planes de empleo y formación) que la nueva normalidad exige. El alcalde, José Miguel Rodríguez Fraga, lo tiene claro -no es causalidad que Adeje siempre esté de vuelta cuando otros empiezan a ir-. Bueno será que este G-18 ayude a romper el espejismo que describe Innerarity y que, ahora sí, los cambios en el sector pasen de los laboratorios a los hechos.