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Comer aves podridas o disparar con una escopeta: las tradiciones más raras de la Navidad

Cenar en Nochebuena comida rápida se considera un lujo en algunos países

Pese a que consideramos que la Navidad es sinónimo de nieve, Papá Noel y árboles de Navidad, la realidad es que eso solo corresponde a un nivel de la población mundial muy limitado.

Es cierto que la influencia estadounidense es importante, que Hollywood ha hecho el resto pero, pese a todo, en algunos rincones del planeta se siguen llevando a cabo celebraciones, en muchos casos, chocantes, desde comer pollo rebozado en Nochebuena a esconder escobas de la mejor manera posible.

Comer pollo del KFC

En Japón, sobre todo en los últimos años, comer pollo y papas fritas de Kentucky Fried Chicken (KFC) es todo un planazo. La propia compañía estadounidense ha reconocido que del 20 al 25 de diciembre sus ventas se disparan en el país asiático, pero para entender esta tradición hay que ir hasta los años 70 del pasado siglo.

El despegue económico de Japón trajo consigo una clara influencia de las costumbres occidentales y una de ellas fue la celebración de la Navidad, pese a que el Sintoísmo es la religión mayoritaria en el país (90%). KFC, según la versión más extendida, logró hacer creer que comer pollo frito era una de las costumbres más extendidas para celebrar las Fiestas en los Estados Unidos, llevándose el gato al agua frente a otros establecimientos de comida rápida, como McDonald’s, que han tratado de hacer lo mismo.

Además, causa furor un plato de cerámica que, cada año, regalan con el pedido y que son ya verdaderas piezas de coleccionista.

Comer aves (con pico y pata incluido)

Los inuit, pueblo conocido popularmente como esquimales, aunque esta palabra tenga hoy en día connotaciones despectivas y racistas, por lo que se ha abandonado, consideran un manjar comer alcas, un tipo de ave marina, tras haberlas metido durante siete meses dentro de una foca favoreciendo la maceración de estas. A este plato se le llama kiviak.

El proceso es sencillo. Se coge una gran cantidad de animales, suele ser en torno a 500, se meten dentro de una piel de foca que ha sido debidamente limpiada, allí se mezclan con grasa y se sella para que no entre nada de aire. Pasados siete meses, ya con las aves fermentadas, se extraen y se comen en fechas importantes como cumpleaños, bodas y, también, Navidad

Aquellos que lo han probado aseguran que es un plato “no apto para estómagos sensibles”, aunque es un verdadero manjar para los inuit.


Papas podridas si te portas mal

Durante 13 días previos a la Navidad, 13 jóvenes visitan a los niños islandeses para llevarles regalos. Suena bien, durante esas 13 jornadas los niños son premiados, pero lo malo de esta tradición llega con aquellos que se han portado mal.

Los jóvenes Yule, que es como se les conoce, son una especie de niños traviesos que van ataviados con trajes tradicionales de Islandia. Dejan los regalos en las ventanas de las casas pero también, si el niño o niña en cuestión no se ha portado de la mejor manera, le dejarán papas podridas en el lugar. Toda una decepción al levantarse el 25 de diciembre.

Esconde todas las escobas de la casa y saca la escopeta

Noruega se encuentra entre uno de los países más felices y apacibles del mundo. Es una de las economías más potentes del planeta y, además, sus niveles de calidad de vida son casi inimaginables en otros lugares. Pero el 25 de diciembre tienen un enemigo claro: las brujas.

La llegada de Santa Claus trae consigo también la visita de las brujas y los malos espíritus, que buscan amagar las fiestas a los buenos habitantes noruegos. Por eso, una de sus tradiciones más marcadas es la de esconder todas las escobas que encuentren (para que las brujas no puedan volar sobre ellas). Se quedan encerradas en un armario hasta el 26, cuando estas ya han desaparecido.

Más expeditivo parece otro de sus remedios contra estos seres: los noruegos que posean armas de fuego salen a la calle, justo cuando llega la media noche, para disparar al cielo. Es su forma de cazar brujas y ánimas en pena.

¡No quemen a la cabra!

En 1966, un grupo de comerciantes de la ciudad de Gävle, en Suecia, consideró que era buena idea, con el fin de atraer al turismo a la zona sur de la ciudad, colocar una cabra gigante de paja. La cosa funcionó, pero el problema llegó después, cuando unos vándalos decidieron quemarla. Comienza así otra tradición.

En un afán destructivo sin igual, el animal ha sido quemado, decapitado y tirado a un río cercano. Pero: ¿Por qué solo han cogido a cuatro de los autores de estos actos? Pues porque se ha llegado a hackear cámaras de seguridad o sobornar a vigilantes.

Se ha extendido tanto la práctica que un turista estadounidense pensó que lo de quemar al pobre animal era algo que hacía todo el mundo. Cogió un mechero, prendió fuego a la cabra y la policía lo cogió en el momento. Pasó 18 días en la cárcel de Gävle.

Navidad con el diablo

Pese a su fiero aspecto, Krampus es amigo de Santa Claus y forma una sociedad parecida al yin y el yang: uno es bueno; otro malo.

Krampus se dedica a castigar a todos aquellos niños que se portan mal, golpeándoles con una vara mientras arrastra una cadena. En los últimos años esta tradición, que se da en Alemania, Austria y Hungría, ha derivado en fiestas en las que adultos se visten de este personajes para bailar y tomarse unas copas. Igual alguno también arrastra una cadena.

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