Tribuna

María Mérida, herreña universal

María Mérida, herreña universal, rompió el cerco de la isla, poniendo a esta acompañada de las Canarias en general en todos esos mundos en los que su voz se dejó oír enmarcada en un canto de vida, otras veces de esperanza y cuando no de nostalgia. Pero siempre fuerte y entusiasmadora que embelezaba y que […]

María Mérida, herreña universal, rompió el cerco de la isla, poniendo a esta acompañada de las Canarias en general en todos esos mundos en los que su voz se dejó oír enmarcada en un canto de vida, otras veces de esperanza y cuando no de nostalgia. Pero siempre fuerte y entusiasmadora que embelezaba y que en aquellos tiempos que andábamos por tierras de Salamanca, en su Universidad, con el empeño de hacernos médico y conmemorábamos las patronas de las islas, ahí estaba, no nos podía faltar en ese encuentro de canarios unidos por su canto que era el lazo, el más fuerte que en aquellos momentos disponíamos.

Luego, mas tarde, vino el conocimiento y la conversación, y acompañados a estos el asombro al comprobar cómo seguía siendo la misma, no había cambiado; el tiempo no dejó nunca que su voz peculiar siguiera sonando como siempre, lo que propiciaba el que nos alegrara que eso fuera así.

Sabíamos de las vicisitudes de su vida plena de honores y agradecimientos que se le rindió por donde quiera que fue, de su nobleza y, sobre todo, de su labor allí donde estuviera y a donde se le llamara, para enseñar, dirigir en el intento que el folclore canario se perpetuara, no decayera y que lo hiciera con la maestría que prodigaba.

Compartimos momentos donde la música fue la protagonista, donde su voz abarcaba todo el escenario de la reunión o la tramoya de la poesía hecha canción en su característica y única voz. No hacia falta un ruego, siempre estaba disponible para engrandecer un grupo o una parranda de amigos, desde donde se disfrutaba a plenitud bien en Tacoronte, Valle Gran Rey, acompañada de su sobrina Carmita, en Arure o en nuestra isla de El Hierro. Y era una gozada oírla, que nos llevara con su voz hacia recuerdos que permanecían aparcados y que salían a la conciencia impulsados por el vigor de su voz y por la emotividad de un sentimiento hecho pentagrama musical.

María Mérida se merece todo y más, la isla; su isla le ha correspondido en varias ocasiones, pero hay que hacer un nuevo esfuerzo para que no se quede en el olvido como otros muchos herreños que habiendo contribuido a engrandecerla y que su concurso fuera más allá del puerto de la Estaca o del aeropuerto de los Cangrejos tenga un sitio en ese libro de herreños ilustres y universales que alguien debe escribir, para que la memoria de aquellos que nos enseñaron los vericuetos de la vida y que nos dispusieron para un mejor empeño queden, no se nos escabullan en los reductos de los recuerdos pasados.

María Mérida debe estar presente en la memoria colectiva de Canarias y más en la isla herreña, y no debe dejarse pasar sino que las páginas de su historia recojan el esplendor de una vida que le trascendió.

María Mérida se nos fue, así, calladamente, serenamente, pero ahora cuando su ejemplo es imperecedero e irrepetible tendremos que seguir sus pasos a través de sus vivencias, de su sentimiento y que este continúe sonando en la grandiosidad de su voz en todo el mundo y más en la Isla donde nació, donde vivió y donde muchos tuvimos la oportunidad de conocerla y de sorprendernos con la dimensión de su universal humanidad.