tribuna

Perdiendo los papeles

Habría que recurrir al año 1956, cuando desde Mallorca Camilo José Cela empieza a publicar su revista Papeles de son Armadans, para reconocer la imagen de que algunos que se guardan en el cajón son publicables

Habría que recurrir al año 1956, cuando desde Mallorca Camilo José Cela empieza a publicar su revista Papeles de son Armadans, para reconocer la imagen de que algunos que se guardan en el cajón son publicables. La importancia la tiene el hecho de que un día fueron conservados, aunque no se sabe si con la intención futura de sacarlos a la luz. Lo cierto es que, con el tiempo, el disponer de papeles significa ser depositario de grandes secretos que terminarán por ser revelados. En resumen, no hay un hombre que se precie que no guarde algún papel.

Últimamente eso de publicar papeles, memorias y desvelar arcanos ha sido un auténtico éxito editorial. Ahí están los ejemplos de El jefe de los espías, con las notas personales del general Manglano, Al servicio de su majestad, con la investigación de Fernando Rueda, o Políticamente indeseable, con las confesiones casi irreverentes de Cayetana Álvarez de Toledo.

Ahora, cómo no, el que faltaba para el duro, el inefable Pepe Bono, se descuelga con unos papeles que tenía guardados por ahí, y que se dispone a sacar aprovechando la fiesta. Qué quieren que les diga, no espero leer nada que no haya dicho ya este “discreto” personaje. Diga lo que diga, lo importante ahora es contemplar las bondades de la recuperación, algo que se anuncia cada día, como si mañana se fueran a celebrar unas elecciones.

La reforma laboral, por ejemplo, es algo para lo que se reclama el apoyo de todos, porque es de interés para todos. El PP no parece dispuesto a arrimar el hombro. También se ha sacado de la manga su no es no, respondiendo así a una previa y agresiva campaña donde se anunciaba la derogación total. Deberían aflojar un poco y así evidenciar la debilidad de la coalición, pero se ve que están en otra cosa. Al final es Europa la que nos mete en cintura porque las intenciones eran las que eran. Siempre termina el agua saliendo por el mismo sumidero y lo que era blanco pasa a ser negro, porque no puede ser de otra manera. Hoy titula El País, periódico del que me fio cuando habla de las declaraciones del Gobierno, que éste teme la llegada de “ajustes prematuros por las reglas fiscales”. Otra vez con los eufemismos, huyendo de la palabra recortes que fue tan utilizada en la salida de la anterior crisis.

Ahora no hay una Ángela Merkel para responsabilizarla de las medidas de austeridad. Al frente del gobierno federal está el socialdemócrata Scholz que sigue diciendo lo mismo: que el dinero que se presta hay que devolverlo y que no puedes gastar más de lo que tienes. Da igual que París y Roma se alineen con nuestras lamentaciones, estamos en una Europa que hay que salvar poniendo de acuerdo a todos sus miembros, sean estos halcones o palomas.

Hoy sobrevuelan conceptos como rescate y recortes que recuerdan debates antiguos. Mientras se siga utilizando el hacha de guerra en torno a estos términos no saldremos del problema. A menos que la solución sea Yolanda Díaz, y entonces estaremos en otra cosa. En última instancia nos enfrentamos al mismo problema: encajar nuestras peculiaridades en una Europa que, de vez en cuando, nos aprieta las clavijas. De ahí viene el dinero y no queda más remedio que someterse a las reglas. Hay otras alianzas, como la bolivariana, pero en esa no hay un euro que rascar.

Ahora, según parece, toca recortar, aunque lo llamemos ajuste prematuro, a ver si en esta ocasión nos ponemos de acuerdo en el rasero para nombrar a lo mismo con las mismas palabras, nos bajamos los humos, empezamos a aparcar a las ideologías y salimos adelante, cada uno llevando en la maleta sus éxitos y sus fracasos particulares, pero me temo que va a ser que no, que nos la jugaremos otra vez al todo o nada, como siempre, desde que el mundo es mundo.

Por si fuera poco, en lugar de bajarnos al ruedo de la realidad, nos sale Bono con unos papeles, que a algunos les servirán solo para limpiarse salva sea la parte. Ahora entiendo el sentido dramático que significa que te encuadren en la legión anónima de los sin papeles. Quizá por eso escribo cada día, aunque haya cambiado el cajón secreto por la memoria donde se guardan los archivos de mi ordenador.

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