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Regreso al padre Ripalda

Hablar de pecados mortales y veniales, de cielo e infierno, de paraíso terrenal y de nuestros primeros padres es regresar al padre Ripalda y a su catecismo, con toda su carga de estupidez. Cuándo se van a convencer las autoridades del catolicismo de que no se puede vivir eternamente instalados en el tópico y en la bobería, sino que es preciso evolucionar con los tiempos. Los sacerdotes católicos que predican en los púlpitos están inmersos -en general- en un mundo ficticio, construido con cimientos pueriles e hipérboles que hoy no convencen a nadie, precisamente por su infantilismo. Despierten la Iglesia Católica y sus representantes a un mundo real que los aleje de otras organizaciones religiosas tan ancladas en el pasado como ella. Convoquen otro Concilio. Regresen sus obispos a la inteligencia. Distánciense de viejas teorías y costumbres que no valen para un mundo diferente y lejano de las imbecilidades que nos hicieron abrazar, aunque no nos guste. Estamos en otra época, todo cambia incluso las creencias, porque con lo que se ha descubierto y lo que se espera descubrir nada tiene que ver con el sistema anterior. Porque todo era un método inventado para educar en el miedo y en la falta de libertad. Pretendían tener atada a la gente para que viviera en el terror y en el temor y así manejarla a conveniencia. Está el derecho natural, ¿para qué más?; y a partir de él, la libertad. La libertad de actuación individual, sin que religión alguna atenace a las personas y a sus movimientos. Seré algo críptico, porque tampoco quiero machacar a nadie, pero no, coño, no hay pecados mortales ni veniales que te conduzcan al infierno o al purgatorio. Lo que tiene que haber es amor y caridad y que cada uno los interprete como quiera. No existe un dios capaz de juzgar estos dos conceptos, los comparta quien los comparta. A ver si se enteran los prelados. Dejen quieto al padre Ripalda, joder.

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