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Yo escribía mejor antes

He estado leyendo los artículos míos de hace 20 años, que tengo encuadernados en tomos, y concluyo que escribía mejor entonces que ahora. Algo me ha pasado, quizá el advenimiento de la vejez, que me ha hecho retroceder en el estilo. Hoy soy un cronista vulgar y no merezco tanta lectura ni tanto seguimiento. Para redimirme, he pactado con Antonio Salazar y su editorial un libro, que sin duda será el último: Las cosas más raras que me han pasado (título provisional). Lo voy a escribir de un tirón y contaré cosas ya sabidas y otras que jamás publiqué; y está destinado a gente que quiera asombrarse. Me he sentado con Antonio un rato en Casa Casiano, en el Puerto, y hemos hablado del modo en que va a ser editado; pretendo incluir alunas fotos. Tengo muchas, en blanco y negro, de la época en que yo escribía mejor. Voy a abrirme un poco en canal y a trasladar al lector las cosas más raras que han ocurrido en mi vida, algunas de las cuales he trasladado al papel y otras no, por pudor, por oportunidad y por conveniencia. Será un libro cortito, de 150 páginas, a ver si logramos una buena portada y una reproducción gráfica conveniente. Y haremos una tirada relativamente pequeña, para dar más valor al proyecto. Digo yo, porque el que manda es Antonio, que dirige con acierto la editorial. Pero quiero reivindicarme con este último libro, eminentemente periodístico, en un intento de dar a esos capítulos un cierto valor de testimonio. He comprobado que mis crónicas, un suponer, de hace 20 años, eran más informativas y valientes y que ahora son como más prudentes y cobardes. He tenido que ir pocas veces a los juzgados, pongamos que diez en 52 años, y sólo me ganó un pleito -merecidamente- el bueno de Xuancar. Ah, no, perdí otro, al alimón con un imbécil, que ahora me ve y no me saluda.

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