el charco hondo

La tormenta infinita (2)

Como suele ocurrir en otros escenarios parlamentarios, lo sustancial en los debates sobre la nacionalidad no es lo que se dice o pasa, sino lo que queda. El eco de los chascarrillos parlamentarios de pasillos, patio y moqueta nacen, se reproducen y mueren en pasillos, patio y moqueta. No calan. Ni llegan. El error de creer que la batería de rumores o anécdotas que afloran intramuros trascienden más allá de los felpudos de la Cámara es una enfermedad que se cura con la edad. Ese espejismo de trascendencia muere antes de cruzar la puerta. La calle no digiere ni acumula con facilidad los titulares. La opinión pública se queda con un mensaje (con una sensación) y tira el resto a la papelera con automatismo, como se arrojan a la basura los folletos de publicidad que dejan en el buzón. Gana los debates quien consigue la proeza de colocar una idea en las barras de bares o cafeterías, en mesas y sobremesas, por ejemplo anunciando el final de las restricciones -Torres jugó ayer una carta ganadora-. Cuando pasen algunos días, ni un minuto antes, podrá saberse quiénes han logrado rentabilizar el debate sobre el estado de la nacionalidad, quién ha salido fortalecido o debilitado -mejor o peor posicionado- de las sesiones de estos días. Con la tormenta infinita condicionando estrategias, discursos y análisis, el debate parlamentario no se deja aterrizar en lo local, de ahí la constante mirada afuera, a Madrid o al episodio sobrevenido de las relaciones con Marruecos y la situación en la que quedan los saharauis. Cuesta bajar a tierra, a la política de proximidad. La teoría de los vasos comunicantes está a pleno rendimiento con la sucesión de acontecimientos globales que contaminan las perspectivas económicas y laborales en el ámbito local, qué decir de la inflación que siembra el pánico en los supermercados y dinamita cestas de la compra, economías domésticas, pequeñas y medianas empresas, sueldos o previsiones sectoriales. Ángel Víctor Torres pelea contra los elementos desde el inicio de su presidencia, de ahí que la dificultad para visibilizar las bases del cambio que prometió, la apuesta por el modelo transformador y sostenible que abandera contra viento, pandemias, volcanes, guerras y marea. Al otro lado, en la oposición, al catálogo de errores y debilidades que achacan al presidente le pasa algo similar; las críticas no se dejan escuchar porque la tormenta infinita apenas deja espacio para las razones trasladadas a lo autonómico y local. Como suele ocurrir, balas habitualmente de fogueo cruzan el salón de plenos en el transcurso de los debates. Sin embargo, cabe reconocer a los grupos parlamentarios el mérito de una legislatura saludablemente marcada por la dinámica de diálogo, comprensión y buena educación que requiere la gravedad de la situación.

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