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¿Política?, no gracias

El presidente y editor de este periódico, Lucas Fernández, cuando me ofreció un espacio en el Diario, me dijo: “Eres libre, escribe de lo que quieras”. Pero detrás del permiso vino una recomendación: “Escribes de puta madre, menos cuando escribes de política”. Tenía razón. ¿De qué me vale opinar sobre lo que está pasando con el transporte, sobre el cambio de opinión oficial hacia Marruecos –que comparto-, sobre que la ministra de Hacienda le eche la culpa a la extrema derecha de la huelga de los camioneros o sobre la actitud de la izquierdona más radical respecto a la guerra –en— Ucrania? De nada, y le doy la razón a Lucas, porque todo ello significaría predicar en el desierto. Y yo no quiero que estas palabras se pierdan en una tormenta de arena. Por eso en mis Memorias Ligeras he renunciado a hablar de política. Miren, anoche, de madrugada, vi la oscarizada película Argo, basada en hechos reales. Ben Affleck, en su papel de agente de la CIA, en colaboración con las autoridades canadienses, saca de la Irán de los primeros tiempos de Jomeini, a seis norteamericanos que consiguieron huir del ataque a la Embajada USA y se refugiaron en la residencia del embajador de Canadá. Fue toda una hazaña la operación. Yo estuve en Egipto y visité la tumba de ónix de Mohamed Reza Pahlevi, el depuesto sha de Persia, en la mezquita de Rifa´i. Conseguí tomar una foto, pero la perdí y no figurará entre las cien seleccionadas para esas Memorias. Ni tampoco grabé mi paseo en barco por el Nilo, invitado por mi amigo Ramesh Bharwani, paz descanse. Tampoco mi visita a la fábrica de perfumes más maravillosa del mundo, que está en El Cairo, y que copia cualquier esencia imaginable o te crea la que tú quieras. El otro día, José Álvarez (Bounty) me regaló el perfume Eight and Bob, creado para Robert Kennedy. ¿Ven que esto es más interesante que la política?

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