El tiempo entre posturas

El tiempo entre costuras, escrita por María Dueñas, cuenta la vida de una modista, Sira Quiroga, que abandona Madrid, y a su madre, y al novio, antes del comienzo de la guerra civil para instalarse en Tánger con Ramiro, al que apenas conoce pero de quien se ha enamorado perdidamente, una decisión que acaba provocando un giro inesperado, y difícil, en la vida de Sira, obligada a trasladarse a Tetuán. El tiempo entre posturas, escrita durante estas últimas semanas por los socialistas, y por sus socios en los gobiernos de España y Canarias, cuenta cómo Madrid da un giro inesperado, inexplicable por falta de explicación, en su relación con Marruecos, y, en consecuencia, con el Sahara, trasladándose la agenda a Rabat y desatando una marea de protestas, críticas y quejas bastante acaloradas que se han relevado insuficientes, como así lo confirma que, a pesar de denunciar que los socialistas han roto la baraja con los saharauis, generando, además, dudas más o menos razonables sobre la soberanía de las aguas que nos rodean, a los compañeros de viaje del PSOE, sin embargo, no se les está pasando por la cabeza ir más allá de titulares o notas de prensa, de ahí que parezca lógico concluir que lo del cambio de posición sobre el Sahara les duela, sí, pero tácticamente lo justo y necesario. La carta de Sánchez a Marruecos ha abierto un tiempo entre posturas, un episodio marcado por las verdades a medias, la pose, el qué dirán, por no salir mal en la foto, por un desencuentro entre las palabras y los hechos, por la hipocresía, por un gobierno que, tratándonos como menores de edad, se empeña en ocultarnos los términos de lo negociado con Marruecos y, empeorándolo, insiste en negar la mayor, reiterando el absurdo mantra de que aquí no ha pasado nada, facilitando ese negacionismo que, ante la falta de información oficial, se especule con hipótesis que afectan, ya directamente, a Canarias. Cabría preguntarse cómo habría ido este capítulo si Moncloa hubiera ido de frente, argumentando, sin complejos, que a los saharauis un referéndum que solo pueden conjugar en futuro imperfecto, acumulando décadas con la consulta eternamente aparcada, tampoco les dibuja la respuesta que necesitan para salir del limbo donde los tiene la comunidad internacional. El tiempo entre posturas que ha desatado la carta de Sánchez a Marruecos bien pudo gestionarse de otra forma, compareciendo el presidente en el Congreso para dar cuenta de los términos de la incontestable negociación que la precedió, con consecuencias para Canarias, y, por parte de los socios, ahorrándose comparecencias con más posturas que costuras.

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