tribuna

Pleno de justificaciones

Ahora hemos visto cómo se aprovecha una enmienda a la aprobación de una ley concursal, que nada tiene que ver con la Justicia, para que la fiscal general del Estado pase al Tribunal Supremo cuando cese en su cargo. Me parece gracioso, pero lo que me pregunto es para qué tantas prisas si todavía quedan dos años de legislatura. Lo que ocurre dentro de la Moncloa siempre será un misterio para mí. Ayer fue un día interesante en el parlamento, porque fue la prueba de un principio que comparten todos los psicólogos. Echar la culpa a los demás de todo lo que nos pasa equivale a ser una persona incapaz de asumir sus propias responsabilidades. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que esto es así. En el listado que esgrimió el presidente para enumerar las causas de las alarmantes cifras económicas, sobre todo ese IPC a punto de alcanzar los dos dígitos, incluyó, junto al consabido Putin, la pandemia, la nevada, la oposición, los camioneros manipulados por Vox, el volcán de La Palma y una “tormenta de arena” a la que llama subsahariana. No sé si me olvida algo, pero los esfuerzos por buscar culpables que no fueran él mismo alcanzaron un nivel patológico alarmante. Yo no debería preocuparme por estas cosas y dedicarme a escribir sobre el recuerdo de los patos que había en el estanque del jardín de mi vieja casa, pero no lo puedo remediar y considero que callarme las cosas que veo y pienso sería una muestra de insinceridad o una actitud irresponsable y conformista, al menos tanto como la del señor Sánchez. Además, él dispone de una abundante parroquia de plumíferos palmeros y no creo que necesite de mi aquiescencia, así que lo hago como contrapeso ante tanto botafumeiro.

Ahora vamos a ponernos un poco serios. No es malo, sino todo lo contrario, reconocer que estamos ante una situación horrible si nos comparamos con Portugal, con Francia y con Italia, y también que esos países están pasando por las mismas circunstancias que nosotros. Entonces, aplicando un razonamiento de eliminación de concurrencias, solo cabe concluir que la culpa de todo la tiene la oposición, o el propio gobierno. Como quiera que la oposición, en todos los casos citados está obligada a ejercer el papel de controlar las acciones del Ejecutivo, aquí no queda otra que decretar que deje de hacerlo por el bien de todos. Esto, en sí mismo, me parece un tremendo disparate, pero es que España se ha convertido en un desatino continuado que no acierta a cómo salir del atolladero. Se escuchan voces de que la ciudadanía ya empieza a estar harta y la demostración está en la pérdida de audiencia de los programas de la Fábrica de la Tele, y la caída de Rociíto. Yo me lo haría mirar. Quizá alguien lo está haciendo desde las tripas del partido y por eso preparan la salida profesional de Dolores Delgado antes de tiempo. Sánchez es un mal jugador de póker. Se le nota la tensión en el rostro y no puede controlar que sus maxilares se contraigan más de lo debido. Ha aprendido a mentir por sistema; lo que no sabe es que un tahúr de las cartas no puede hacerlo siempre porque eso revelaría el juego que lleva realmente y no sería capaz de ganar ni una sola mano. La guinda de lo de ayer fue la tormenta de arena subsahariana. Lo delató el subconsciente, porque eso era lo que le preocupaba: cómo meter lo del Sahara en el mismo paquete de los asuntos críticos. No debe tener muy buena conciencia en ese aspecto, sobre todo por el desacuerdo provocado entre los miembros de la coalición. Es cierto que tiene baraca, pero la baraca terminará algún día y luego quedará la incapacidad al desnudo. Lo dice una copla de seguidillas. “Mariquilla Morales, del moralejo, para qué te casaste con aquel viejo. Me casé con el viejo por la moneda. La moneda se acaba y el viejo queda”.

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