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Raúl y el mago

Hace tiempo que Raúl Jiménez Pastor está rumiando un guion de cine basado en mis relatos costumbristas sobre el mago y su cuñado. Yo no sé escribir guiones de cine y mucho menos sacarle la gracia, pero Raúl, que es un experimentado director, sí. Y me ha causado mucha satisfacción, en esta semana de mi obligado confinamiento, la lectura de su adaptación para el cine de mis textos. Creo que si logra los actores adecuados le puede salir una buena película. En una de las últimas suyas hice yo de cura, un cameo gracioso que a mí me gustó tanto rodar como me costó enfundarme una sotana que me quedaba estrecha y cuyas sobaqueras olían a convento de clausura. Rodamos la escena en una iglesia de Tejina y yo dirigía un coro en el que desafinaban los protagonistas y se peleaban, al punto que los tuve que invitar a que abandonaran el cántico. Raúl es un entusiasta y un estudioso del cine, imparte talleres de cine por ahí y cumple una labor de formación muy interesante, sobre todo entre personas jóvenes. Adaptar mis textos sobre el mago, en su papel de perfecto animal, no es nada fácil, porque las ocurrencias de este espécimen resultan verdaderamente surrealistas. Y mucho más difícil será sacarle la gracia a lo que yo he escrito, pero para eso existen artistas tan imponentes como Matías, el actor de En clave de ja. Matías es, para mí, el mago perfecto, o quizá el cuñado, pero desde luego tendría que ser uno de los dos protagonistas. Emociona saber que los textos de uno valen para algo más que para vender libros -y yo he vendido muchos-. Conozco bien al mago desde que, de muy pequeño, iba con mi abuelo, los sábados, a pagar a los peones, a las finquitas familiares de La Dehesa y de La Montaña, en aquel submundo rural felizmente superado. Sin querer, me estaba convirtiendo en su biógrafo.

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