el charco hondo

024

Silenciarlo nunca fue el camino, ni lo será. El silencio solo añade soledad a la soledad, al aislamiento, al vacío que agiganta la sensación de vulnerabilidad, de fragilidad. Silenciarlo nos retrata de perfil, haciendo oídos sordos cuando situaciones con cuadros diferentes tocan en la puerta o al otro lado de la pared. Únicamente abriendo los ojos, devolviéndolos a la luz, podremos conocer y acercarnos a la realidad y los datos para, sacudiéndonos el tabú, ponernos manos a la obra con la prevención y otras líneas de trabajo. Con estas premisas, poner en marcha el 024 describe una ruptura con la estrategia del silencio y, en esa idea, marca un antes y un después, una revolución en la convivencia con la salud mental y con la forma de abordarla. Hay que hablarlo sin bajar la voz. Hay que silenciar al estigma para hacerse eco de las situaciones, del día a día de cada vez más gente que necesita aprender a conducir por carreteras con baches. Con la entrada en funcionamiento del 024 se han encendido muchas linternas; y, a partir de ahí, resulta más fácil analizar con qué recursos se cuentan para dar respuesta a quienes piden ayuda cuando juntan las fuerzas necesarias para hacerlo. La salud mental no se conforma con un solo algoritmo, cualquiera es susceptible de sorprenderse conjugándola en la primera persona del singular. La estadística sitúa a Canarias entre las regiones de la zona alta de la tabla, de ahí la necesidad de ir a más, pero de verdad, en los centros de salud. También de ahí la conveniencia de multiplicar recursos para poder desarrollar los planes que hacen falta, para estar ahí cuando se necesita, observar, registrar, evaluar, escuchar, descartar o, entre otras asignaturas, hacer pedagogía dirigida a los pacientes. Si abrimos el plano nos encontramos con que España está a la cola en salud mental. Invertimos la mitad que Europa y solo hay 2.800 psicólogos en la sanidad pública. Mientras los países de nuestro entorno destinan el 10% del gasto sanitario a abordar la salud mental, en el nuestro no pasamos del 5%. Conocidos estos números, el Gobierno se ha comprometido a destinar cien millones de euros a este área en los próximos años, una cifra tan insuficiente como irresponsable. Los problemas de salud mental no han debutado con la pandemia, pero se han multiplicado por culpa de los años exigentes que nos han tocado. Según el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, un 25% de la población va a tener una enfermedad mental. La iniciativa del 024 ha servido para abrir un debate inaplazable que no puede morir en discursos con fecha de caducidad. Ahora que nos hemos sacudido el tabú no debemos permitir que el silencio, pésimo compañero de viaje, vuelva a añadir soledad a la soledad de quienes merecen ser entendidos y atendidos.

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