el charco hondo

9.999

El amigo de un amigo conoce a alguien que, al parecer, va por la vida cargando con un saco de rarezas; y, según cuenta el amigo de ese amigo, la rareza más rara es que le dan ganas de llorar cada vez que escucha canciones de Abba, especialmente con una, Our Last Summer. Empeorándolo, parece que los ojos se le derriten con cualquiera de las del grupo sueco, sin que acierte a saber o poder explicar la razón de rareza tan rara. Ha querido el destino, con la inestimable colaboración de los patrocinadores, organizar un festival -el fin de semana 18 y 19 de junio, una semana antes de que el carnaval vuelva a la calle- que reunirá a un buen puñado de grupos y cantantes más o menos vinculados al fenómeno de Eurovisión, acompañándolo de un reto consistente en batir un récord mundial: reunir a diez mil personas disfrazadas de Abba con un tributo a la banda escandinava. El desafío que ese reto plantea al amigo que conoce un amigo será doble. Siendo de lágrima fácil, fundir en una sola noche las canciones que le hacen saltar basales, reflejas y emocionales, con el subidón de volver a verse en multitud después de más de dos años de restricciones, mascarillas y aforos, auguran que a quien conoce el amigo del amigo puede acabar rodeado de bomberos achicando lágrimas, con lo que, ya puestos, los organizadores volverían a casa con dos récords. Aunque algunos amigos del amigo de mi amigo le han desaconsejado que juegue con fuego, al correr el riesgo de que la emoción lo ahogue en un concierto demasiado exigente para su lagrimal, irá al evento porque cree que le ofrece una terapia de choque que corrija y corte de raíz esa rareza suya. Sea como fuere, al amigo que conoce mi amigo, al cuñado o la pareja del sobrino del amigo, y, sobre todo, a mis amigos, se les están yendo la fuerza y las ganas por la boca, porque mucho hablar de que estos carnavales de junio van a quemar las naves pero lo cierto es que quedan apenas cuarenta y un días para echarse a la calle, un soplo, un suspiro, nada, y aquí nadie se da por aludido, no hay quien haya tomado la iniciativa, no tenemos telas, ni complementos, no hemos ido a medirnos, quedan cuarenta y un días, nada de nada, y estamos sin disfraz y sin apenas tardes para ponernos en ello, porque de aquí a junio el calendario tiene marcadas más de ochenta despedidas de soltero (o soltera) con sus correspondientes bodas -fruto de los aplazamientos pandémicos-. Tampoco el amigo del amigo de mi amigo tiene disfraz ni ha empezado a hacérselo. Me cuentan que está preocupado, las semanas se les echan encima. Eso sí, irá a lo de Abba. Tiene claro que allí estará, así que a los organizadores solo les faltan 9.999 para batir el récord.

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