cuadernos de la periferia

El canario que lleva meses intentando mejorar la UE sin que tú lo sepas

El abogado grancanario Jorge Pazos ha participado en la Conferencia sobre el Futuro de Europa que presenta sus conclusiones hoy lunes en Estrasburgo
Jorge Pazos

Era viernes 17 de julio de 2021, dos y media de la tarde. El abogado grancanario Jorge Pazos, de 45 años, voz grave, pelo oscuro y gafas de pasta negras estaba a punto de acabar la jornada laboral. Sonó el teléfono. ¿Quién podía ser? Al otro lado, una señora que trabajaba para una empresa de estudios de mercado comenzó a hacerle varias preguntas. “¿Estaría usted dispuesto a ir a la ciudad francesa de Estrasburgo -una de las dos sedes del Parlamento europeo- a debatir con otras personas sobre el futuro de la UE?”, le planteó. Cuando Pazos le dijo que sí, se convirtió en uno de los participantes de los paneles ciudadanos de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, una iniciativa impulsada por la Comisión Europea, el Consejo y el Parlamento.

Este lunes, coincidiendo con el Día de Europa, Pazos hablará durante tres minutos en la Eurocámara para presentar, junto a otros ciudadanos y líderes europeos como Macron o Ursula Von der Layen, presidenta de la Comisión Europea, las conclusiones finales de la Conferencia, que son una síntesis de propuestas de la ciudadanía y aportaciones de políticos de la UE. Una lectura general evidencia algo claro: el documento profundiza en el modelo europeo de concertación que impulsaron hace décadas socialdemócratas y democratacristianos, combinando la economía de libre mercado con el desarrollo del Estado del bienestar. Aunque incorporando las ‘nuevas’ preocupaciones relacionadas con la transición energética, la economía digital, la protección de datos, la lucha contra cualquier tipo de discriminación, la demanda de una mayor participación política o la defensa de una fiscalidad justa, con umbrales mínimos que impidan el ‘dumping’ fiscal y tasas a las grandes compañías tecnológicas que ganan mucho y pagan poco. También hay propuestas sobre migración, en un difícil equilibrio que intenta conciliar el control de fronteras, la necesidad de mano de obra extranjera y las políticas de asilo respetuosas con el Derecho Internacional.

Ha sido un largo camino desde aquel primer viaje que hizo Pazos a Frankfurt en septiembre del año pasado para coger luego una guagua a Estrasburgo que estaba repleta de participantes de los paneles ciudadanos. En total eran 800 personas elegidas “de forma aleatoria”, según señala la propia página web de la Conferencia. Un tercio debían tener entre 16 y 25 años. Pazos formaba parte del Panel de ‘Democracia, valores y Estado de Derecho’. Había tres más: uno sobre economía, otro sobre salud y medio ambiente y un último sobre el papel de la U.E en el mundo y el fenómeno migratorio. Cada panel estaba dividido en 10 subgrupos. Cada miembro recibía 70 euros en dietas al día.

Para impulsar los debates, los subgrupos tenían un facilitador e intérpretes de todos los idiomas. Y perfiles muy diversos de ciudadanos con ganas de hablar: como la octogenaria italiana preocupada con que se destacara la importancia de los valores católicos para Europa, a lo que Pazos se oponía; o el joven danés especialmente concienciado con las cuestiones ecológicas; o el señor alemán que no veía eso de la democracia participativa, pues lo suyo era votar cada cuatro años y chimpún; o los finlandeses suspicaces con que nivelar los indicadores socioeconómicos entre países pudiera costarles dinero. O lo que es peor, que les bajara la calidad de vida; o el propio Pazos, preocupado con que la Europa tenga más competencias en materia educativa para que se impulsen una mejor enseñanza de los idiomas y un mayor conocimiento en cuestiones sobre ciudadanía y democracia. Pero el abogado grancanario destaca el buen ambiente de debate que había, sin estridencias tuiteras. Sin sectarismos. “Hablar es muy importante, dar la palabra a uno, a otro, escuchar y decir: ‘Coño, pues el tío tiene razón”, afirma.

Después del primer encuentro de los paneles ciudadanos, hubo otro ‘online’ en noviembre y uno presencial en diciembre, que incluyó una cena ofrecida por el alcalde de Florencia, Dario Nardella, junto a la Piazza del Duomo. “Fue un lujazo de viaje”, cuenta con el recuerdo dulce de esos días, como si fuera imposible no hacerse europeísta contemplando la belleza de Italia.

Luego hubo una segunda fase, que era el Pleno de la Conferencia, de enero a mayo de 2022, con varias sesiones de trabajo en Estrasburgo. Allí, la participación ciudadana quedó reducida a 107 personas. 80 eran de los paneles europeos donde participaba Pazos, 20 por cada panel. Y los otros 27 venían de reuniones que se han celebrado en cada uno de los países de la UE. Esta fase fue más institucional: además de los ciudadanos, había europarlamentarios, miembros de la Comisión, el Consejo, los parlamentos nacionales, el Comité de las Regiones y representantes de distintos sectores de la sociedad civil europea. Presidiendo el grupo de trabajo donde quedó enclavado Pazos estaba Manfred Weber, líder del Grupo Parlamentario Popular Europeo. “Un tipo muy amable, pero bastante duro de roer”.

En teoría, cuenta Pazos, las propuestas ciudadanas que venían de cada panel -avaladas por un apoyo del 70% de los participantes- se debían respetar, y esta segunda fase consistía en debatirlas e ir aprobando enmiendas. Pero Weber intentó modificar el sistema de trabajo y rebajar el peso de los representantes de los ‘ciudadanos’. Así que una noche, conspirando con unas copas en la mano, organizaron un motín para el día siguiente, con una intervención encadenada, cada vez más intensa, donde amenazaban con marcharse si no se respetaban los procedimientos y se les daba más voz, pues para eso estaban en la Conferencia. “Los de la organización estaban flipando. Nos dijeron que había sido muy emocionante”.

Entre las propuestas finales, el abogado grancanario trabajó mucho defendiendo la organización periódica de asambleas de ciudadanos que sean elegidos aleatoriamente con criterios de representatividad para formular propuestas a las instituciones europeas. Aunque no serían vinculantes, las instituciones deberían, según la propuesta, justificar los motivos en caso de que no las tengan en cuenta.

“Me ha quitado un montón de tiempo, pero esto solo me va a ocurrir una vez en la vida. Y la experiencia de conocer y debatir con gente de tantos sitios ha sido buenísima”, cuenta Pazos. “Pero si te lo tomas en serio, es un curro importante”. En esta segunda fase les han pagado 140 euros en dietas diarias, pues las comidas ya no estaban incluidas en el programa, al contrario que en los primeros encuentros. Lo que sí se les incluyó a los españoles fue una agradable recepción con el embajador permanente de España en el Consejo de Europa, Manuel Montobbio, que estaba interesado en saber cómo había ido la Conferencia. “Tenía una casa impresionante, con la música clásica a tope, como en un anuncio de Ferrero Rocher”, bromea Pazos. Y es que Europa también se hace de anécdotas e historias

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