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Isaac, el Elvis tinerfeño con una trattoria en Nueva York

Abandonó con 16 años La Victoria, su localidad natal, en busca del sueño americano, y ha recorrido medio mundo actuando como el Rey del Rock, al que llegó a conocer y le regaló una guitarra
Isaac, el Elvis tinerfeño con una trattoria en Nueva York

Cantante, compositor, hostelero e imitador del Rey del Rock. En pleno corazón cultural de Manhattan, en el barrio de Hell’s Kitchen, se encuentra la trattoria italiana Casa di Isacco, fundada y regentada por un tinerfeño que desde muy temprana edad sabía que su vida estaría vinculada a la música, y más concretamente, al virtuoso Elvis Presley. He ahí el motivo por el que su nombre artístico es Isaac Elvis, como homenaje a su referente, al que le gusta recordar que conoció a través del intérprete británico Engelbert Humperdinck, amigo a su vez de Tom Jones. “Me regaló una guitarra”, cuenta en una conversación telefónica con DIARIO DE AVISOS, en referencia al instrumento que muestra a todos los visitantes de su restaurante como símbolo de un sueño cumplido.

Las paredes de su local, en la 9ª avenida neoyorkina, están plagadas de fotos de sus actuaciones alrededor del mundo, así como de celebridades que han disfrutado de sus delicias gastronómicas. Y aclara que, si bien tras el fallecimiento de la estrella, en 1977, comenzaron a surgir dobles de Presley, en el caso de Isaac su afición surgió mucho antes. “Empecé con ocho años en mi pueblo, La Victoria. Todos tocábamos en las fiestas”, afirma, al tiempo que prosigue diciendo que “mi primera guitarra me la compré en Santa Cruz en 1964. Me costó 3.000 pesetas”. Después, estuvo en Madrid y Barcelona, hasta que finalmente recaló en Palma de Mallorca, donde estudió en el Conservatorio: “Allí aprendí guitarra, piano y canto. Me hice tenor, pero yo no canto ópera, sino rock n roll, baladas, country, blues…que es lo que más me ha gustado”.

Para ser precisos, su flechazo artístico con Elvis surgió después de acabar su formación académica, cuando tuvo que ingresar en el servicio militar obligatorio. “En aquella época tenía 200 álbumes LP. Una noche, escuchando Love Me Tender, me dije: ¿Por qué no intentar cantar como él? Luego estuve tres años preparándome para hacerlo. Nada fácil”, admite. Así es como llegó, incluso, a hallar un método para hablar varios idiomas. Asegura dominar “siete idiomas perfectos” y cantar en 12. ¿Cómo? “El secreto está en la música. Cada lección tiene de ocho a 15 palabras, y yo me las iba aprendiendo de memoria, como si fuera una canción. Cuando te tumbas 50 lecciones, hablas el idioma”.

Es justo esa capacidad políglota de la que, afirma, se ha valido para escribir unas 400 canciones. La primera, Soy como soy, que escribió con 16 años y luego tradujo al inglés. No obstante, lejos de darse por satisfecho, se ha trazado un objetivo muy ambicioso: “He grabado en discos 2.800 canciones, mi sueño es grabar 5.000. Sigo produciendo con mi propia compañía”. Y, según dice, tiene bien estudiada a la competencia: “La que más canciones ha grabado en el mundo se llama Lata (25.000), que es de la India, y en América (refiriéndose al país norteamericano), Bing Crosby”.

ENTRE FOGONES

Sobre su infancia en Canarias, Isaac asegura que fue “muy buena”. En Tenerife pudo tener su primera toma de contacto con otra de sus pasiones: la hostelería. Es más, cita dos establecimientos en los que trabajó de barman: “En una cafetería que estaba en la Plaza de Toros de Santa Cruz, que se llamaba La Madrileña, y, ya de último, en la Hespérides de La Laguna”. Al cumplir los 16, se marchó del Archipiélago para emprender rumbo a la tierra prometida; fantaseaba con el sueño americano. De 1974 a 1991, explica, actuó en Las Vegas, al igual que lo hiciera su ídolo: “Hacía siete shows a la semana; un día hice dos y al llegar la noche dije que nunca más. Era demasiado. Por eso se murió Elvis: lo quemaron”.

Posteriormente, se trasladó a Nueva York con la idea de abrir tres restaurantes. Así lo hizo, aunque dos ya los ha vendido, por lo que ahora concentra sus energías en Casa di Isacco, donde despacha comida transalpina por un motivo: “Durante una temporada estuve en Inglaterra aprendiendo inglés. Vivía con una familia italiana y por la noche trabajaba en el restaurante que tenían”. De ahí surgió su interés por la gastronomía de nuestro país vecino, que le llevó a importar dichos platos títpicos al otro del Charco, aunque en el local pueden verse banderas de España y vinos de todo el mundo. Al respecto, cuenta que tiene botellas que van desde los 35 hasta los 5.000 dólares. “Tengo Rivera del Duero, La Rioja, de Chile, Argentina, Israel, California, Australia…”, detalla.

Su pelo engominado, amplia sonrisa y porte regio le delatan: no puede negar que debe su aspecto físico, en buena parte, al Rey del Rock. Y de esa manera planea seguir ofreciendo conciertos en distintos países. Avanza que, próximamente, prevé actuar en “Brasil, China y Japón”. E incluso le gustaría “ir a Corea del Norte”. Su ansia por continuar el legado de Elvis Presley parece no tener límites.

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