el charco hondo

Estímulos

El condicionamiento clásico (estímulo, respuesta) describe un tipo de aprendizaje asociativo. Básicamente, lo que hizo Iván Pávlov fue experimentar con perros. Se dio cuenta de que salivaban al ponerles comida. Cada vez que lo hacía sonaba una campana, de tal forma que, al escucharla, los perros asociaban el sonido con la comida, y salivaban. Los perros estaban dando una respuesta a un estímulo, con lo que, se le pusiera o no de comer, salivarían igualmente al escuchar la campana. Al parecer, Aristóteles lo llamó ley de contigüidad (cuando dos cosas suelen ocurrir juntas la aparición de una traerá la otra a la mente, explicaba). Sin embargo, quien más influyó en Pávlov fue un fisiólogo ruso, Sechenov, que en su obra —Los reflejos cerebrales— había postulado que las conductas humanas, como las del rey emérito, se basan en reflejos, movimientos musculares desencadenados por señales registradas por los sentidos (ya en el XVII Descartes había hablado de los organismos como máquinas fisiológicas). El padre del rey cumple con la tesis del condicionamiento más clásico (estímulo, respuesta) describiendo con su proceder, conductas y comportamiento un aprendizaje asociativo de manual. Los cinco sentidos del emérito asocian cualquier cosa que haya hecho o haga, esos estímulos que lo tienen con la fiscalía pisándole más o menos los talones, a la única respuesta que ha conocido o conoce: halagos, viva al rey, permisividad, tolerancia y aplausos, hiciera lo que hiciera, trascendiera lo que trascendiera. El emérito ha envejecido convencido de que la respuesta a sus estímulos financieros, lejos de dudas penales lo único que merecían era que sonara la campana de la comprensión y el apoyo incondicional, súbdito. Posiblemente no termine de entender que su comportamiento pueda asociarse a reproche alguno. Solo partiendo de estas premisas puede entenderse, siquiera un poco, el episodio que ha protagonizado en Sanxenxo. ¿Va a dar algún tipo de explicaciones?, le preguntaron. ¿Explicaciones de qué?, respondió. Los vítores al rey que hizo lo que hizo ejercen la misma reacción asociativa que la campana con los perros de Pávlov; los perros salivaban, y el emérito se reafirma en la sensación de que si lo aplauden es que no merece reproches ni, desde luego, dar explicación alguna. Entre quienes lo aplauden y lo insultan, me quedo con quienes en Sanxenxo se limitaron a pasear por la playa, convencidos de que debe ser la justicia, y no ellos, quienes pongan las cosas y al padre del rey en su sitio. Lo suyo es un condicionamiento clásico de libro, al que, sin duda, ha contribuido el país que lo malcrió permitiéndole lo que se le ha tolerado.

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