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Giuseppe Aloisio, de Convivio: “Me mata ver que cobran una pizza Margarita a 12 euros”

Giusepe Aloisio, del restaurante Convivio en la calle Numancia 19 de Santa Cruz, tiene una clientela fiel que va desde los abuelos hasta los nietos

A los 14 años, Giuseppe Aloisio miraba encandilado la barra de un hotel de Sicilia, donde había nacido. Le fascinaba el trasiego de camareros, la decoración, las bandejas con las copas… así que consiguió que lo contrataran, al principio para fregar platos y vasos, pero le gustó tanto el trabajo que hoy, a sus 54 años, sigue en el sector de la restauración con un pequeño restaurante, en la calle Numancia de Santa Cruz, donde elabora la única pizza frita de Tenerife.

Fregar platos no le desanimó, estudió en la Escuela de Turismo y años después ya tenía un bar en Florencia. Allí, con un socio, planearon venir a Tenerife y abrir un restaurante italiano, pero al final, Giuseppe Aloisio se vino solo y en 2007 abrió Convivio en la calle Porlier de la capital tinerfeña.

Ahí nació la especialidad de su restaurante, la pizza frita. Fue una cuestión de espacio, señala Giuseppe: “el restaurante era pequeño y la cocina apenas tenía un metro cuadrado, así que no podía poner horno de pizza y pensé en la pizza frita”. Y hasta hoy. “Después de tantos años he visto de todo, hay gente que viene y se come la pizza encantado de la vida. No digo que no sea más contundente que la pizza normal porque está frita, pero si se sabe freír y la masa está hecha como hay que hacerla tampoco es tan pesada. Y de grasienta, nada”. En todo caso, Giuseppe Aloisio puntualiza que “lo normal es compartirla entre dos personas. Es una propuesta diferente, y cuando vienen los clientes ya saben lo que van a tomar porque yo pizza normal no hago”.

Nápoles es el origen de la pizza frita, aunque allí es más pequeña porque es comida callejera. Giuseppe la ha agrandado y primero fríe la pizza, luego le añade los ingredientes que lleva y la termina de hacer en el horno. “Cuando te la comes es algo que está a medio camino entre una focaccia y una pizza”, afirma.

Y además de la pizza frita, la pasta fresca, que Giuseppe mezcla con producto canario. Son famosas su pastas con chorizo de El Hierro y los ñoquis de almogrote y la pizza frita con pulpo. “Con queso de La Palma hago una berenjena típica siciliana. Siempre que veo algo de aquí, que lo puedo adaptar a una salsa o a una pizza, siempre lo hago”.

“La pasta la hago yo -puntualiza Giuseppe- con harina de sémola; y las salsas italianas clásicas, pero diferentes de lo que encuentras por ahí. Y cada semana se innova, por ejemplo, el día en que hicimos la entrevista Giuseppe Aolisio andaba enfrascado en una boloñesa de pulpo.

A todas estas, Giuseppe Aloisio no sabe de dónde la viene la faceta gastronómica, salvo que “mi hermana es una gran cocinera”.

Y para rematar la comida, cuatro postres: tiramisú, tarta de manzana, tarta de queso y crema mascarpone, que elaboran en el mismo restaurante y con un añadido, Guiseppe Aloisio es “un referente en la comida sin gluten desde hace diez años, cuando una clienta que es celiaca me metió en este mundo. Así que ahora todos los postres, por ejemplo, los hago directamente sin gluten”.

Cuando se le pregunta por el perfil de la clientela, Giuseppe no lo duda: “Es un perfil completo. Viene el nieto, la madre y la abuela, todos. Y son los nietos los que se lo aconsejan a la abuela. Y jóvenes que venían con sus padres cuando tenían diez años. A veces hay días que las mesas no las llamamos por número sino por el nombre, porque son clientes que vienen desde hace mucho tiempo. Eso te da mucho orgullo; yo cierro mañana y cierro feliz”.

La pandemia modificó muchas cosas en la restauración. Según Giuseppe, el horario nocturno cambió totalmente. Antes cerraba la cocina a las 23.00 horas y ahora a las 22.30 horas. Antes, lo normal era que la gente empezara a venir después de las 21.30 horas y ahora hay veces que a las 20.30 horas tengo ya siete mesas, eso antes era impensable”.

Tampoco hacía comida para llevar antes de la pandemia, pero ahora tiene una plataforma que desconecta “la mayoría de las veces cuando el restaurante está lleno porque no me gusta que el cliente esté esperando en el restaurante y un repartidos salga con una pizza a domicilio”.

Lo que peor lleva Giuseppe es la subida de precios porque “mis precios son muy económicos” y se escandaliza cuando ve una pizza Margarita a 12 euros “cuando yo la cobro a seis. Si yo puedo andar con esos precios no me importa, me preocupa más no ver a un cliente porque mi restaurante se ha vuelto muy caro. Eso a mí me mata”.

A Guiseppe se le ve contento con su restaurante donde le echa horas a la cocina pero también está pendiente de la sala sin cuyos comensales no podría vivir.

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