el charco hondo

Morgana (y 2)

Según puede leerse en algunos libros -Descubriendo la luz, entre otros- los espejismos son fenómenos asociados a la propagación de la luz en medios no homogéneos, donde el índice de refracción varía continuamente con la altura, describiendo la luz trayectorias con tantas curvas como las que, efectos ópticos o no, está encontrándose un traspaso de competencias en costas que suponíamos despejado cuando, allá por febrero de 2021, se anunció que el Ministerio de Política Territorial y Función Pública abría un cronograma para un proceso pendiente de impulsar desde que, en noviembre de 2018, entró en vigor el nuevo Estatuto de Autonomía. Según se dijo, hace dieciséis meses, echaba a andar la cesión de la ordenación y gestión de costas, quedando sobre la mesa la convocatoria de la comisión mixta de transferencias Estado-Canarias, órgano bilateral donde se evalúan los medios personales, materiales y financieros necesarios para un adecuado y eficiente ejercicio de las competencias atribuidas estatutariamente; medios personales, materiales y financieros que ahora, dieciséis meses más tarde, si nos acercamos al litoral, a la costa, los lugareños podemos ver suspendidos en el aire, colgando de la nada, flotando varios metros por encima del océano y la realidad, dando forma al espejismo del que hablan en Reggio Calabria -a la fata Morgana-. Quizá, tal vez, más allá de la resistencia del Estado, atrincherado con el propósito mal disimulado de seguir teniendo en sus manos el mango de la sartén, otro espejismo esté jugando con la retina de la opinión pública, en general, y del circuito político-periodístico, en particular. Quizá, tal vez, hay quienes, aquí, en Canarias, conscientes de que asumir la gestión de costas a pocos meses de las elecciones conlleva el riesgo de tener que protagonizar algunas decisiones con desgaste, pedalean, sí, pero sobre una bicicleta estática, avanzando sin avanzar, haciendo pero con más pausa que prisas, ganando tiempo para perderlo. Quizá se han fundido en un solo cuerpo el afán del Estado por retener las competencias con una cierta desgana de culminar el proceso por parte de quienes, aquí, en las Islas, deben recibirlas. Tal vez los espejismos se acumulen, haciéndonos ver intenciones que no coinciden con la realidad de un proceso del que ahora, dieciséis meses después, dicen que se ha atascado porque han descubierto que deben concretarse los medios personales, materiales y financieros que tendrían que haber evaluado, negociado y resuelto en el transcurso de los últimos dieciséis meses.

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