el charco hondo

Somos

Somos capaces de pensar, crear, creer o hacer a lo grande; pero, sin embargo, también somos enormemente dados a encogernos, desandar, bajar la voz, tirar la toalla e incluso desdecir cuando las decisiones conllevan desgaste o una mínima contestación. Quizá el pasado de las Islas, crónica de dificultades, imposibles y naufragios, nos dejó en herencia el síndrome robinsoniano del que Manuel Vázquez Montalbán habla a Andrea Camilleri en Conversaciones sobre la escritura. Somos más fuertes de lo que pensamos, pero algo menos de lo que escribimos, o de cómo nos describimos, cuando abusamos de tintes épicos y descripciones de la realidad edulcoradas o excesivamente optimistas. Somos oportunidades que debemos transportar de las palabras y las intenciones a los hechos, bajarlas al presente que abre o cierra las puertas del futuro. Somos decisiones que exigen personalidad, valentía o liderazgo, sacudirse complejos para alcanzar la velocidad crucero que solo está al alcance de sociedades desacomplejadas que no reculan ni se ponen de perfil cuando algunas voces, habitualmente pocas, agitan las bengalas del perro del hortelano. Somos talento, valores emergentes, profesionales, artistas y creadores que debemos hacer más visibles otorgándoles el protagonismo que les corresponde, y, sin embargo, se acumulan síntomas y señales de continuar atrapados en el tiempo, despertando una y otra vez a idéntico día, alimentando el tapón que mantiene lo siguiente a lo de siempre en el interior de la botella. Somos reincidentes, reiterativos, volvemos en exceso a las casillas de salida para mantener a una distancia prudencial los riesgos de atreverse, cambiar, innovar, de sorprendernos haciéndolo diferente. Somos el buen recuerdo que nos deja las puertas entreabiertas cuando, en ambientes profesionales o no, nuestro acento nos pone en el mapa de las memorias ajenas. Somos tantos retos por concretar que no podemos perder una milésima de segundo dejándonos arrastrar por causas impostadas, menudeos argumentales, poses discursivas. Somos adultos, mayores de edad que merecemos ser tratados, entendidos y atendidos sin paternalismos. Somos siete. Somos capaces de generar economía y empleo, pero no hemos sabido encajar las piezas que hacen falta para protagonizar y ocupar esos puestos de trabajo. Somos quienes hemos avanzado siglos en apenas unas décadas, pero también somos los que todavía tienen muchas asignaturas por aprobar. Somos un punto excepcional del planeta, un sitio donde merece mucho la pena vivir. Somos canarios, por eso ayer celebramos nuestro día.

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