el charco hondo

El descosido

En la delgada línea que separa (o une) torpeza e irresponsabilidad, la telenovela de tiranteces, balas de fogueo, chiquilladas, reproches y desmarques que está oxidando la actualidad generada por los socios del Gobierno de allá cortocircuita cualquier intento de dejar atrás, o a un lado, el bache que Sánchez capea de semanas a esta parte. La apelación a la normalidad de un gobierno de coalición se antoja insuficiente para esconder al elefante de los desplantes detrás de un fósforo. A diferencia de las seis, siete u ocho izquierdas que tienen acampadas en el jardín, los socialistas sí tienen mucho que perder. Saben las seis, siete u ocho izquierdas que su retroceso no tiene marcha atrás, por eso pueden arriesgar con la osadía y atrevimiento que se permiten los que están cayendo en barrena. Quienes comparten consejo de ministros vivían bastante mejor contra Pablo Casado. Poco dado a los excesos verbales, Feijóo no se los pone fácil, lejos de subir a la red está esperándolos al fondo de la pista, los deja correr, él a lo suyo, al manual de estilo, al mantra, utilidad, trabajo, ilusión y sentido de la realidad, ingredientes con los que está creciendo como alternativa mientras las seis, siete u ocho izquierdas, y los socialistas, están atrapadas en una maraña de adicciones comportamentales, conductas que se materializan a sabiendas de que son perjudiciales para quienes las protagonizan. Si hay algo que el electorado penaliza son las trifulcas que gobiernos o partidos escenifican puertas adentro. El canibalismo que esporádicamente acaba con la izquierda en la oposición, esa dinámica comportamental que describe conductas autodestructivas, está generando al Gobierno central unas bocas de agua equiparables a las que abre la inflación y las curvas del día a día de las familias y empresas. Yolanda Díaz, heroína de quienes sueñan con el avance de la derecha, presume de pasarse el día cosiendo el pacto que sustenta al Gobierno. Díaz, burbuja con fecha de caducidad, simboliza la dinámica comportamental que tantísimo daño está haciendo a la estrategia de comunicación de Moncloa. A la caza y captura del minuto de gloria en boletines e informativos, las seis, siete u ocho izquierdas, con la costurera, Yolanda Díaz, especialmente mimada por los que aspiran al cambio de ciclo, están autoinmolándose abrazados a los socialistas, a los que arrastrarán en su caída si persisten en una telenovela comportamental que tiende a monopolizar la realidad que generan quienes se sientan en el consejo de ministros.

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