tribuna

El ‘lilithismo’

Estoy seguro, aunque no tengo el gusto de conocerla -bueno, sí, la conocí cuando era casi un bebé, en la casa de Jorge Verstrynge-, de que Lilith es una joven preparada, llena de entusiasmo político, aunque confío en que no comparta las actuales ideas de su padre en lo que toca, por ejemplo, al apoyo a Putin antes que a la OTAN.

Lo que no acabo de entender son los méritos que acompañan a esta mujer, que no ha cumplido aún los treinta y tiene una muy insuficiente experiencia en la Administración, para haber hecho una meteórica carrera que ha desembocado desde la nada hasta su nombramiento en el Consejo de Ministros de este martes como secretaria de Estado para la Agenda 2030. Departamento este en el que su defenestrado antecesor, Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista, ha demostrado que se puede sobrevivir sin hacer gran cosa, entre otras razones porque hay pocas cosas que hacer.

Comprobar, una vez más, que hay un par de ministerios en el organigrama del Gobierno donde las competencias reales, no las inventadas, justifican poco o nada los Presupuestos de que gozan, induce a un escepticismo que se refuerza al ver que Lilith Verstrynge, cuya principal virtud política es ser la número tres de Podemos, se convierte a su vez en la número dos del Ministerio que regenta doña Ione Belarra. A la que, por cierto, tampoco aprecié nunca trayectoria ni mérito suficientes para ser ministra, aunque cierto es que su Departamento tampoco es que tenga que cargar con las máximas responsabilidades del Estado, por decirlo suavemente. Porque, de hecho ¿sabe usted siquiera cómo se llama este Departamento, por ejemplo? Y ya que estamos, ¿conoce usted lo que se hace en el Ministerio vecino y amigo, el que encabeza doña Irene Montero?

Bueno, pues resulta que el mencionado trío de amigas, ministras y viceministras, que tanto están disfrutando de las sinecuras de la política y tan poco de los esfuerzos y sinsabores -que se lo pregunten a Chaves y Griñán, sin ir más lejos- que a veces conlleva, han formado el frente de la firmeza podemita para exigir al Gobierno muchas cosas en cuestión de igualdades varias y de transformaciones económicas que inquietan a los y las auténticos/as responsables de la materia dentro del Ejecutivo. Así, el lilithismo se ha convertido en un refrescante y jubiloso patio de asamblea de Facultad, seamos realistas, pidamos lo imposible, pero con reflejo, y no pequeño, en los Presupuestos Generales del Estado.

Si hay algo que hará perder las elecciones a Pedro Sánchez, además de su debilidad por los pactos con algunos enemigos del Estado, pongamos Bildu por caso, será, ya lo verán, este lilithismo, que sustituye al sempiterno cuñadismo, o sea, el enchufismo sintetizado en el viejo adagio de aquel presidente panameño que, antes de acabar bastante mal, dejó escrito para el mármol: “Al amigo, el oro, al enemigo, el plomo, y al indiferente, la legislación vigente”. A usted ¿qué le toca en este reparto?

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