el charco hondo

Golpe de calor

Los golpes de calor, consecuencia que acarrea una exposición prolongada a temperaturas tan altas como las de estos días, pueden provocar situaciones desconcertantes. Si no se ataja, llevando a quienes los sufren a la sombra, aligerándoles la ropa o rociándolos con agua, pueden acabar complicándose, dando pie a iniciativas tan vulnerables e incontestablemente inoportunas como, por ejemplo, la propuesta que algunos grupos parlamentarios han realizado para que los lienzos de la Cámara regional, evocando episodios de las guerras de conquista de la época, sean tapados cuando se celebren las sesiones plenarias. La tentación inmediata invita a trasladar la valoración al terreno de la caricatura, de la descalificación, pero el revisionismo histórico es algo demasiado serio para tomárselo a broma. La manta de críticas que están recibiendo los parlamentarios (sin distinción, los que firmaron y los que no) estaba cantada, se veía venir. A veces, como ha sido el caso, el momento aplasta los argumentos de fondo, enterrándolos; y ahora, precisamente ahora que la gente está con la inflación jodiéndole la vida y temiéndose un otoño complicado, la inoportunidad de la moción alcanza la categoría de error infantil. Distraerse mirando unos lienzos, con la que está cayendo a pie de calle, es tanto como protestar por el zumo de naranja mientras el avión cae en barrena con los motores en llamas. El revisionismo llevado al límite, a los extremos, puede conseguir el efecto contrario al pretendido, y, lejos de reescribir la Historia, que no se deja desandar, acaba blanqueando las atrocidades del pasado, dulcificándolas. Arrojar a la hoguera o tapar lienzos, libros, pirámides o esculturas que evoquen episodios que cobraron vida en su contexto, y no en el nuestro, nos borra el camino que nos ha traído hasta aquí, un recorrido no exento, claro que no, de barbarie y situaciones repudiables bajo nuestra óptica. Por lo demás, plantear que tapen los lienzos solo cuando se celebren los plenos anima a recordarles que, en su caso, el problema no sería que ofende a los diputados sino a la institución, a la Cámara, y también a los niños que visitan el Parlamento con relativa frecuencia. Los lienzos representan un momento dramático, han dicho los proponentes; salvando las distancias, en las Islas del siglo XXI siguen viviéndose momentos dramáticos, y no parece que la solución sea taparlos. No es la primera vez que se propone cubrirlos, también se planteó en 1988 y 2016; solo dos veces en cuarenta años, luego, a la vista está, no parece que los lienzos hayan ofendido en exceso a los parlamentarios. Habrá sido el calor, un golpe de calor. Un alarde de inoportunidad.

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