el charco hondo

La séptima temporada

Ahora que la séptima temporada del virus está logrando audiencias multitudinarias e incrementando a diario el número de seguidores, contagiando a discreción, indiscriminadamente, saltando de mesa en mesa, de barra en barra, de reunión en reunión, de normalidad en normalidad, fichando a compañeros de trabajo, amigos o familiares para incorporarlos a su resucitada estadística, ahora que el virus recupera el protagonismo perdido, se suceden los pronunciamientos, recomendaciones, augurios y profecías, y, entre otras, algunas voces se preguntan por qué descartar completamente el restablecimiento de determinadas restricciones. El miedo es libre, y entendible, tan sólido o demostrable como que la situación epidemiológica de esta séptima temporada se parece bastante poco a la de las primeras, y que, siendo así, cabe concluir que contagia muchísimo pero golpea menos, lo que abre de par en par la puerta a la mejor de las recetas, al sentido común, madurez, responsabilidad individual, especial cuidado con los vulnerables y respeto a la preocupación de quienes, sanitarios, vuelven a vérselas con una tromba de positivos tocando a sus puertas, precisamente cuando muchos compañeros están de vacaciones. En este punto, a aquellos que flirtean públicamente con la hipótesis del antiguo régimen epidemiológico, con niveles, restricciones y otras sombras del pasado imperfecto, habría que hacerles ver que pronunciamientos de ese tipo, lejos de lograr un repliegue colectivo, lo único que están consiguiendo es que la gente actúe según el principio de la reactancia. Si se les insiste en que dejen de hacer, no vaya a ser que vuelvan algunas restricciones, lo inmediato es salir mucho más, no sea que volvamos a la libertad condicional. Insinuar la hipótesis de restablecer determinadas restricciones logra el efecto contrario al pretendido, porque, por si acaso, uy, no vaya a ser que, lejos de replegarse la gente está quedando para celebrar la graduación del hijo del compañero de oficina del vecino, el cumpleaños del sobrino del primo del dueño del bar de la esquina, las vacaciones de los que salen de viaje o el regreso de los que estaban fuera, el santoral, el último día de junio, el primero de julio, los lunes, las fechas impares y también las pares, cualquier excusa va bien para celebrar, celebrar, que el mundo se va a acabar, y si el runrún de posibles restricciones sigue creciendo en vez de dar un paso atrás se calza en el calendario otra batería de celebraciones, por si acaso, no vaya a ser que.

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