el charco hondo

Tribales

Al sociólogo Émile Durkheim no le hizo falta participar en romerías, carnavales, bailes de magos o cualquier otra celebración multitudinaria para dejarnos algunas pistas que expliquen, un siglo después, el comportamiento tribal de los cargos públicos u orgánicos de los distintos partidos, sin excepción, en los festejos populares. Cuando el filósofo francés aludió a las pautas que en la frontera de lo mecánico y orgánico marcan la conducta de algunos grupos, ignoró que el siglo XXI sería testigo de un hábito ciertamente extraño, tanto como puede serlo que cuando la inmensa mayoría de los políticos se echan a la calle con el disfraz o el traje de mago solo se hacen fotos o videos con los de su partido. Sorprende, o tal vez no. Desconcierta. Sentirse completamente ligado a un grupo de gente al que se pertenece (a un partido, en este caso) tiene en romerías y otras concentraciones populares una cita estelar. Basta echar un vistazo a las redes para comprobar que, tan tribal como ciertamente, los políticos se agrupan, posan, se fotografían, sonríen, abrazan, celebran, brindan o bailan por siglas, solo con los propios, únicamente con los suyos, rara vez o nunca con gente de otras formaciones, ni siquiera con aquellos que teniendo responsabilidades compartidas en algunas instituciones no dejan de ser compañeros de trabajo. No es normal. No puede serlo, no debe. La lógica, lo suyo, sería mezclarse y fotografiarse sin detenerse en las siglas. Pero, no. Solo se les verá con los afines orgánicos, administrativos o eventuales. Raro. Extraño. Cuando se sale de parranda, a festejar, los mortales se saludan, comen, se juntan, beben y agrupan para los selfies con aquellos que van apareciendo o desapareciendo a lo largo del día. De ahí la rareza, el desenfoque que provocan políticos que solo se hacen y cuelgan fotos equiparables a las de las reuniones de los órganos del partido. Quizá no tengan amigos con los que salir de romería; no será el caso, quién no tiene amigos a partir de una determinada edad. O, tal vez, quizá, estén trabajando mientras el resto festeja. Será eso. Será que lejos de divertirse, y ya, tengan la cabeza, el móvil, la cámara, la pose, el pensamiento, y a la tribu, pensando en el último domingo de mayo de 2023. Será. Quizá, tal vez, se equivoquen. Quizá, tal vez, los humanice hacerse bastante más fotos con la gente que se les acerque, sin guión, y bastante menos con las sombras habituales; entre otras razones, porque con los suyos, los propios, con el coro polifónico, ya se les ve a todas horas, en todas partes, siempre los mismos, los mismos de siempre.

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