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Drácula, Calippo o Boomy: los helados que marcaron nuestra infancia y el verano de 1991

En aquel cartel de helados hay desde clásicos a productos que llegaron a levantar polémica
Dracula, Calippo o Boomy: los helados que marcaron nuestra infancia y el verano de 1991

La lista de los helados que marcaron nuestra infancia es larga, larguísima, pero, de cuando en cuando, por varios motivos, echamos la vista atrás para recordar momentos, asociados, sobre todo, al verano.

La cuenta de Twitter @vegetabdn nos ha recordado, con una foto de los helados Frigo de 1991, algunos de estos alimentos que tanto nos gustaban. Y nos gustan. Para entender cómo ha pasado el tiempo, basta con decir que, entre aquellos helados que marcaron nuestra infancia, en aquel año, el reconocido Magnum era una novedad en el mercado.

Juan y José Rimblas, dos hermanos catalanes que habían viajado a Cuba, abrieron en 1927 la planta de Industrias Frigoríficas de la Alimentación, que sería conocida al poco como Frigo. Con máquinas industriales compradas en Estados Unidos, repartiéndolos en carretillas en cajas especiales, la empresa acabó siendo vendida a una multinacional, pero fue en España donde logran algunos de sus mayores éxitos comerciales.

Algunos de los helados que marcaron nuestra infancia no tuvieron un inicio sencillo, como admitían hace algunos años sus creadores en Verne. El Calippo, por ejemplo, surge de la idea de trasladar una lata de refresco a un helado por necesidad, porque se comenzaban a consumir más que los helados, pero no todo salió como esperaban. Tenían que vender “un polo sin palo”.

Helados que marcaron nuestra infancia y que se siguen vendiendo

“Los primeros envases de Calippo que salieron al mercado tuvieron un problema: se escapaba algo de líquido por la parte de abajo. Pero a la gente no pareció importarle, porque no recibimos ni una sola queja. Es más, el público se entusiasmó tanto que, cuando se quedaban sin ellos, los heladeros venían a buscarlos directamente a la fábrica, sin esperar a los distribuidores. No recuerdo ningún lanzamiento tan fulgurante como aquel”, aseguró Joan Viñallonga, una de las mentes pensantes para aquellos nuevos productos.

En los años 70, Frigo lanzó el Drácula, un polo que fue una verdadera revolución, pues la mezcla de cola, fresa y vainilla no era para nada habitual. Además, dejaba la lengua teñida de rojo “algo que gustaba a los más pequeños”. Otros de los helados que marcaron nuestra infancia fueron el Frigodedo y el Frigopie, pero tampoco fueron bien vistos al principio: “Nos dijeron que podía asociarse con el canibalismo”.

 Pero, dentro de esos helados de 1991, hay también algunos con una historia para olvidar. Polémico fue el Strabik, un helado que, aunque ahora nos parezca increíble, se ideó a raíz el estrabismo, estando completamente fuera de lugar. Fue un fracaso. Fracasó también el Boomy, por una cuestión técnica: no era sencillo recrear con exactitud la forma de una fresa, una naranja y un limón.

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