el charco hondo

El paralelo

Cuando se vuelve a escribir después de cuatro semanas felizmente refugiado en un universo paralelo, instalado en una realidad alternativa desde la que se miran de reojo los episodios que asoman al relato más o menos oficial de los días, allí, al otro lado del espejo, dejando que la vida dé vueltas sin darle demasiadas vueltas, allí, cuando estás un mes lejos de este escaparate -y así ha sido- aquello que te ha llamado la atención lo suficiente como para apuntarlo en alguna parte, anotado por si merece la pena retomarlo, esas noticias se acumulan en el catálogo de asuntos posibles a los que dedicar (o no) la columna inicial del curso, generando, ese cóctel de temas con los que alunizar en el artículo diario, la sensación que invade a quienes, lo reconozcan o no, cuando desayunan en los hoteles se dejan llevar por la abundancia de opciones, y terminan reuniendo en un mismo plato, el suyo, y no necesariamente el único que van a inundar de sabores y sólidos reñidos con la mesura, tostadas, huevos revueltos, tortilla, salmón, croquetas, mermelada de melocotón, churros fríos, hipotecas, leche con cereales, ensalada, libros de bolsillo, judías en salsa de tomate, sillas de playa y helado de lo que sea, de ahí que, en los hoteles o en la columna del regreso, lo suyo sea respirar con calma, hacer las cosas con cabeza -o intentarlo, al menos- e ir poco a poco, cuidándose de dosificar fuerzas, ideas o argumentos, consciente de que ni en la vida ni en el planeta de la opinión, este océano de sabiduría de un milímetro de profundidad en el que habitualmente navegamos o buceamos, no merece la pena -no ayuda, al revés- precipitar la presentación, el nudo o el desenlace de lo que debe ir asomando a la superficie con pausa, a fuego lento, sin caer en la tentación de consumir en apenas unas líneas las sensaciones, razones o hilos conductores que durante estas últimas cuatro semanas te han asaltado al mirar, de refilón, poco más, la campaña de los trogloditas de cabecera contra Sanna Marin, el creciente convencimiento de que a los socialistas de allá y acá se les van a hacer eternos los meses que faltan para que abran los colegios electorales, la desconcertante afición de algunos cargos públicos a mostrarse en exceso en la redes, las bocas de agua que están multiplicándoseles a las economías familiares o, al otro lado de la pared, en el mundo de los que no salen en los telediarios, lo del cierre del súper, de mi gente del súper, ideas, notas sueltas, frases apuntadas en cualquier parte durante estas semanas en las que he estado felizmente refugiado en el paralelo treinta y tres, en la realidad alternativa del irse para poder volver.

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