el charco hondo

Uno, dos y tres

La aritmética no tiene corazón, tampoco sangre. Carece de sentimientos, ignora de qué van las emociones, no tiene amigos, ni enemigos, básicamente porque no siente, ni parece. A la aritmética no se la seduce felicitándola por su cumple, proponiéndole un café o mostrando la mejor versión, sembrando a su alrededor empatía, buen rollo y mejores expectativas. La aritmética atiende a otras señales, no se deja camelar, no vota, tampoco simpatiza con algunas siglas, con candidatos o cargos orgánicos. No milita, se abstiene. Carece de ideología, funciona ajena a la política, pasa olímpicamente de lo mucho o poco que algunos dirigentes de éste o aquel partido se reúnan, de que reconstruyan puentes, cicatricen heridas, intimen, se hagan amigos o no, echen cuentas en servilletas de papel con la mirada en la siguiente legislatura, sellen alianzas en el aire, firmen pactos en una bola de helado o se convenzan de que su quiniela es la buena. A la aritmética le resbalan los encuentros en la tercera fase que, cada vez con mayor frecuencia, están manteniendo los políticos de las Islas. Esas conversaciones carecen de valor porque lo único que importa, aritmética en mano, son las adiciones, sustracciones, multiplicaciones y divisiones que puedan darse en el ámbito parlamentario, insular o municipal, una vez cierren los colegios electorales el último domingo de mayo. De ahí que no merezca la pena despilfarrar minutos o párrafos averiguando qué pueden implicar las cuentas o los contactos que están multiplicándose sobre el tablero de la política local. Tanto da. Llegar a mayo con todas las puertas abiertas es lo suyo; pero, a partir de ahí, concluir que se impondrá éste o aquel pacto porque éste o aquel ahora se llevan mejor o peor supone dar la espalda a la dictadura de la aritmética. Serán los números los que impongan su ley, y, siendo así, pudiendo ser entretenido pasarse el día especulando la realidad es que, aritmética en mano, solo caben tres escenarios. Dando por hecho que los de Román Rodríguez y Noemí Santana perderán un par de escaños, a pesar de esos dos retrocesos las flores de ese pacto podrían sobrevivir a la aritmética, dándose así el primer escenario. Cabe que Coalición y PP sumen lo suficiente, sería el segundo escenario. Y, como tercero, puede que la aritmética fuerce que socialistas y Coalición logren sobreponerse a lo mal que se caen para gobernar juntos . ¿Y Casimiro Curbelo? La aritmética lo sitúa en los escenarios uno, dos y tres, aunque aritméticamente no sea imprescindible.

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