La ‘Médium Justiciera’

Un taxista del Puerto de la Cruz nos contaba ayer su anécdota de esta extraña campaña electoral. Una pareja de clientes peninsulares le había preguntado, de regreso al aeropuerto, si sabía por qué partido se presentaba “la mujer de las vallas”. En toda la isla se anuncia la Médium Justiciera, también conocida como la India, afincada en Tenerife desde hace tiempo, con gran éxito en su gremio, bajo la promesa de “enseñar el secreto para encontrar la felicidad”. Esta confusión se produce en medio de una campaña sin duda gris y tediosa. Entramos en la semana del 28M. Son las primeras elecciones tras la pandemia. Esto es mayo de 2023 y conviene hacer una pausa y comprobar la fecha. No estamos en una nube, podemos palparnos, seguimos vivos, hemos sobrevivido a un drama y estamos a las puertas de unas elecciones. No somos zombis. Pero esta campaña ha sido, está siendo un déjà vu de temas socorridos alojados en el subconsciente, de Franco a ETA y tiro porque me toca. Venimos de un milagro, del turismo cero y el síndrome del fin del mundo, con las islas sanas y salvas, saliendo a flote contra todo pronóstico, y este interludio electoral nos trae a la memoria viejas melodías, incapaces de hacernos una composición de lugar. En este stand-by nos disponemos a votar el domingo.

En toda la campaña nadie ha abierto la boca para hacer alguna propuesta al respecto de una eventual epidemia como la vivida. En 2020, cuando cayó del cielo a plomo un velo del tamaño de la tierra que nos tapó a todos y fue como trocearlo para repartirnos mascarillas por doquier, se repetía con insistencia que había que reforzar el sistema sanitario para no volver a sufrir en pañales emergencias de esa naturaleza. Ahora no se ha dicho ni pío, como si hubiera ocurrido hace cien años. Esa clase de amnesia voluntaria postraumática.

El racismo en la boca del lobo

Tampoco es que se haya puesto el foco en otras cuestiones alternativas de calado. Las campañas envejecen. Esta ya entró en los 40, camino de los 50, y los jóvenes digitales de hoy tienen otras prioridades. Hasta que la escena democrática sufra alteraciones tecnológicas más propias de la época, esa generación no mostrará un interés especial. El primer candidato robot de aspecto humanoide que dé el pego revolucionará las encuestas y las campañas. Ahora los carteles electorales se comportan como robots en el sentido convencional de la palabra, son mecánicamente previsibles.

Más allá de la ecotasa y la manifestación de Las Américas contra los turistas “go home”, los tópicos de la escalada de impuestos y quién invirtió más en las islas, si Rajoy o Sánchez, la campaña no ha dado un titular. Los nacionalistas recogen velan y desisten de su prontuario del pasado, la demografía, los incumplimientos de Madrid, alguna displicencia ministerial, la inveterada discriminación y cualquier agravio por razón de lejanía… Es posible que Madrid en esta travesía se haya portado mejor que en otras etapas menos dramáticas restando opciones al manual de reproches. Pero se percibe el agotamiento hasta en el argumentario de la oposición, como si se mirara el reloj para que acabe pronto la campaña y se hagan los pactos cuanto antes. Como si intuyeran el resultado y en las islas estuviera todo el pescado vendido, con un estrecho margen de sorpresa. Ese es el ambiente que reina en la calle, la astenia del candidato, donde antes se buscaba el golpe de efecto como en una gala de Carnaval.

No ha salido a relucir como merece ni el sablazo del billete de avión. Y CC apenas ha alardeado de haber logrado barra libre para las guaguas. Nueva Canarias, consciente del desierto y la letanía, desempolva un clásico del repertorio y pide que se fomente el trabajo para los canarios. Hoy las consignas localistas o patrióticas -antes tildadas de chauvinistas- se esfuerzan en no parecer xenófobas. En otros tiempos, el nacionalismo emergente no dudaba en cruzar la línea y pedir mano dura contra la inmigración, como haría Salvini en Lampedusa. El racismo en la boca del lobo. Hoy, salvo Onalia Bueno, la alcaldesa de Mogan y candidata de CC al Parlamento, látigo del Gobierno por el hacinamiento de inmigrantes en el muelle de Arguineguín, nadie osa mojarse en esos charcos.

‘Por Canarias’, una noche en la Da Gigi

Ahora, la parte de nacionalismo que gobierna sustituye la confrontación por un de tú a tú con el poder central. Como les ha ido bien, se ha abierto una brecha en ese hemisferio de la política canaria condenado a desentenderse. Ni siquiera en el conflictivo desacuerdo de Nueva Canarias con Ferraz por los pactos con Marruecos sobre el Sáhara ha habido una entente manifiesta desde CC. Esas dos orillas del nacionalismo están más alejadas entre sí que las de Canarias y la España continental.

Curiosamente, el PSOE le robado el latiguillo a los partidos nacionalistas o regionalistas, con el lema Por Canarias en los carteles de Ángel Víctor Torres. En las filas de CC, esa expresión llegó a ser un latiguillo doméstico, con cierto retintín, en los años 90, a partir de una ocurrencia de José Manuel Bermúdez en las veladas de la pizzería Da Gigi, de la Avenida de Anaga. donde recalaban con frecuencia a cenar los dirigentes políticos en las noches concurridas de Santa Cruz. Eran los años de gloria de ATI y las AIC que desembocaron en la Coalición de Hermoso y Adán Martín. Decir Por Canarias era un estribillo no exento de vacilón identitario. Décadas después, es el grito de guerra de Torres, el socialista que más se parece a la campechanía y afabilidad del paradigma Hermoso de aquella Coalición.

En efecto, nadie habla de la pandemia ni de la guerra con un silencio tácito. No se menciona lo que da yuyu por superstición. En cierto modo, estas son unas elecciones marcadas por el doble trauma colosal de la pospandemia y el temor a los barruntos apocalípticos de una guerra incierta en Europa que nos está costando cara y nos quita el sueño por lo que pueda pasar. En ese fragor, se da la circunstancia de que este mismo domingo 28M Erdogan se juega su palacio de los mil cuartos en Ankara en la segunda vuelta de las elecciones turcas.

La psicosfera

Y esta flojera tiene noqueada a la clase política, incapaz de teorizar y discernir sobre el abc de una campaña con fundamento, donde se escarbe en los porqués de una cesta de la compra desbocada y saque pecho quien tenga que sacarlo por que se haya creado más empleo que nunca con la que ha caído.

Un día, Antonio Machado, el biólogo que volvió de Europa como de un largo viaje y acaba de publicar el libro monumental de su idilio con los escarabajos, dijo que Canarias había superado con creces su capacidad de carga humana, su condición de sitio habitable, porque la población había desbordado todos los límites existentes. Machado, a quien conviene traer a colación un día internacional de la biodiversidad como el de hoy, reivindica la psicosfera, “la capa donde opera la mente con todas sus consecuencias”. Y nos invita a ponernos a pensar en cómo salir adelante. Me temo que esta campaña electoral no sea un buen ejemplo de ello.

TE PUEDE INTERESAR