Corazón y flecha

Recita Manuel Carrasco de camino al Teide. El cantautor onubense no está en mi lista. Me lo presentan. Recelos, no vendas humo, no me cuentes tu verdad. Improbable que un perenquén conquiste a una sirena, que crezcan flores oscuras en la Corona Forestal. Para juglares, Aute, Pedro Guerra, Sabina y el roncito trovero de Silvio y Pablito clavado en un bar. Pero cuando el maná cae del Cielo y la espuma refresca el bajío como copos de nieve, solo queda rendirse y negar lo que negué. Lo confieso: asienta el flamenquito entre pinos, neblina, silencios y te quieros. Calan letras y melodías. Aparco isas y folías. Sin querer, queriendo, sobre el mar de nubes asoma Isla Cristina.

La tarde anterior subimos por El Bailadero. Atrás dejamos las playas de Las Gaviotas, Las Teresitas y un cementerio. Viviría en Taganana. Moriría en su caserío junto a Nuestra Señora de las Nieves. Intuyo que no sucederá. Quien viste y calza propone y Dios dispone. Somos criaturas en un vaivén sin atrevimiento para chapotear en el agua en ropa interior. En la arena se estila bañador. Desconcertante convencionalismo fashion, incongruente pudor, desafío para errantes en bragas o calzoncillos. Con calor la osadía vale la pena, no así la cargante desnudez gratuita. 

Helechas en Las Mercedes y olor a mar en la Punta del Hidalgo. La excursión dura todavía. Carretera hacia La Orotava. Truchas en Aguamansa y arroz caldoso en San Juan de la Rambla. De Las Cañadas al rompiente en una hora. Alfa y omega, principio y fin, alegría y llanto en un abrir y cerrar. No firmo el desenlace. En un pispás, un tsunami, un adiós, la confirmación del desamor, un consuelo en el faro… Antes del fin del Mundo, escribe Ana Criado.

La otra Canarias existe en el Charco del Viento. Está lejos de antibabies, hamacas, arena y sombrillas. Hay lugares y lugares. Y personas y palabras. A las personas se las conoce lejos de los flashes, en el olvido, en la pendiente. No vale el quid pro quo. Si pensamos en palabras no me des cualquiera. Las palabras, las palabras acertadas, quiero decir, se encuentran en lecturas, escuchas, buceos y en sonrisas más grandes que bocas.

Asoma Garachico, esplendor pasado y vanguardia en La puerta sin puerta del escultor Kan Yasuda. Siluetas en la colada, buganvillas, paredes blancas, una naranja, callejuelas, historia sin Quinta Roja. Rafael Alberti, marinero en tierra, custodia la poesía en una puerta que fue de viajantes y mercancías. Hoy es un jardín quieto, propicio al encante entre palmeras altas y escalinatas. Me voy, me quedo, pero me voy con Miguel Hernández, el poeta. ¡Esta noche, conejito! Nicoleta lo tiene claro. Y un guachinche con vino del país. 

Noche lírica en La Laguna. Ígor entona, dramatiza la calma. El vaso amplifica versos en The Garden frente a frente, en torno a la voz romántica. Byron, Mary Shelley y Frankenstein reviven en la Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Sábado de junio en Highland, en el patio, en el pub, en la agradable penumbra. No ha lugar terrores ni fracasos aunque asumamos el fin de la vida y carguemos un saco de defectos maravillosos. No caben cerrazones si hay buenos afanes y rebeldías que salgan al paso de la política cortoplacista en manos de gentecilla incapaz de soñar a lo grande. ¡Pum, pum! ¿Quién es? Cierra la muralla.

La calle está vacía. No hay estudiantes. Duermen, estudian o sacuden reguetón o trap. Inteligencia artificial. Sin acritud, con pan se la coman. Ulula el búho y en su nido bailamos como Mia Wallace y Vincent Venga. Hasta las cinco…

El 30 de septiembre, concierto: Corazón y flecha.

Ilustración de María Luisa Hodgson

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