Una sentencia del Tribunal Supremo (TS) vuelve a poner en entredicho la legitimidad del llamado Monumento a los Caídos existente en Santa Cruz de Tenerife erigido gracias a una supuesta “suscripción popular” (en realidad, hasta los funcionarios tenían que participar o atenerse a posibles represalias si se negaban) que tuvo lugar en 1944 e inaugurado en 1947, y que hoy todavía permanece en una ubicación preferencial de la capital tinerfeña, justo enfrente del Cabildo Insular y en la plaza principal de esta cocapital autonómica.
Este homenaje franquista a la par que antiguo mausoleo, dado que antaño sirvió de cripta a Estanislao Gómez Landero ya está en la relación de los monumentos a suprimir en aras de la Memoria Democrática, como se recoge en el Catálogo de Vestigios Franquistas elaborado por el Gobierno de Canarias, aún por ejecutar al seguir pendiente de lo que decidan los juzgados a este respecto.
Ahora, el Alto Tribunal estatal vuelve a poner en duda la oportunidad de su permanencia -al menos en el estado y ubicación actual-, por cuanto una sentencia hecha pública ayer sobre un caso similar acaecido en Callosa del Segura (Alicante) establece que “una cruz que contenga una relación nominal de fallecidos de uno solo de los bandos de la Guerra Civil española supone exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura” y, por ende, debe procederse a su retirada. Ciertamente, el caso alicantino guarda diferencias con el santacrucero, dado que la placa que solo aludía a los caídos por el bando golpista fue retirada en 1988 y sustituida por una leyenda en su frontispicio que reza, tal y como puede comprobar cualquiera hoy en día, así: “Tenerife en honor a todos los que dieron su vida por España”.
Aunque a priori dicho cambio parece excluir al monolito capitalino de los efectos de este fallo judicial, lo cierto es que la sentencia que nos ocupa también expone como argumento que fundamenta la misma que, con actuaciones como la relativa a la Cruz de Callosa de Segura, “no se pretende más que retirar del primer plano cuanto signifique, represente o simbolice el enfrentamiento civil”, tras lo cual se aclara que “este propósito no es incompatible con la libertad religiosa ni supone negar o desconocer las creencias de nadie”.
Y en ese sentido nadie puede negar los hechos históricos que condujeron a levantar este homenaje a los vencedores de la infausta Guerra Civil, por cuanto incluso hasta en la cripta se incluyó una placa como ofrenda al dictador Francisco Franco, a quien se le ofreció como homenaje este Monumento a los Caídos durante su visita al Archipiélago como colofón a su gira por distintas provincias y que tuvo como destino final, precisamente, Santa Cruz de Tenerife.
Las alusiones en prensa y la profusa documentación oficial que se conserva de aquellos años (por no hablar de la memoria popular) no dejan lugar a dudas sobre la razón de ser de este colosal monumento, que además tiene el dudoso honor de ser una de las mayores cruces por los caídos franquistas que se levantaron por todo el país en el afán de ganarse las simpatías de aquel régimen.

Un proyecto de García-Escámez que hoy presenta un estado inquietante
Aunque las primeras propuestas para erigir un monumento a los caídos por el bando franquista en Tenerife se datan en 1937, es al final de la Guerra Civil y, sobre todo, con la llegada a la Capitanía General de Francisco García-Escámez cuando, en 1944, se inician formalmente los trabajos que condujeron al complejo escultórico que hoy permanece en la capitalina plaza de España, y que por cierto fue inaugurado con la presencia del entonces subsecretario de Presidencia y posterior presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco.
Pese a ser objeto de varias reformas e incluso apuntalado (2006), el Catálogo de Vestigios Franquistas oficial alerta sobre su pésimo de estado de conservación, especialmente en lo que se refiere a “la cripta, que presenta evidencias de grandes zonas de condensación y humedad. También deberían hacerse comprobaciones acerca de la situación presente de los revestimientos exteriores de la torre. Además, la cantería de la base de la torre presenta zonas desprendidas en la exedra anterior donde está fijada la figura de la Victoria y en los edículos de la fachada sur”.





