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En agosto nos vemos

El genio lo fue hasta el final, pero cuando empezó a decaer la mente le quedó una novela, o más que seguirán apareciendo, para entregar a sus lectores. Ahora los hijos de García Márquez, Rodrigo y Gonzalo, han dado a conocer al mundo este relato de su padre, En agosto nos vemos, escrito cuando empezaba a perder la memoria. El texto, corregido varias veces por su autor, que prohibió publicarlo, contiene chispazos de genialidad, pero ese no es el García Márquez de los grandes momentos narrativos. Hay lagunas, garzas azules, eclipses que no lo son, porque los eclipses sólo se producen con la luna llena, mucho erotismo y olor a ciénaga y a pobre. Pero le falta magia y el final es brusco, se ve que acuciado por la falta de tiempo. El 16 de agosto es el día de mi cumpleaños y lo usa García Márquez como escenario de la cita de Ana Magdalena Bach con sus amantes de verano. Es curioso: el día 16 de agosto y el 30 de noviembre, fechas de mi cumpleaños y de mi santo, son los dos únicos días en los que el ciego Gaudencio toca la mazurca en la obra de Camilo José Cela, Mazurca para dos muertos. Mi inadvertida entrada en la literatura se produce a través de una mera coincidencia, lo cual es bastante triste para el cronista de todos los días. Hecha la introducción no me queda más que recomendar la lectura de En agosto nos vemos, más por el prólogo y el epílogo que por el cuento o novela corta, como quieran. Había leído parte del texto hace años. Es un relato de amores adultos, a los que tanto he temido, desde el paisaje de laguna alborotada y transbordador y taxi destartalado y cementerio con monturrios de gladiolos. Y un final de huesos arrastrados.

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