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Iturbe, en el Guimerá

José Iturbe -en realidad era Irturbi, según algunos autores- fue un pianista español, buen intérprete de los clásicos, que hizo fortuna en Hollywood tocando y actuando brevemente en películas muy comerciales. Acabó residiendo en la llamada Meca del Cine, en Los Ángeles, codeándose con la crema de la crema de los artistas y directores de la época. Antes de su época dorada, iba por toda España interpretando piezas clásicas, dando conciertos. Y en cierta ocasión vino al teatro Guimerá. Me cuenta Quini Feria, con el que siempre mantengo conversaciones interesantes, y sobre todo evocadoras y graciosas, que la anécdota que referí el otro día entre el matiento y don Antonio Machín se repitió con Iturbe, aunque Quini ignora si el matiento era el mismo u otro. Resulta que el pianista interpretaba muy bien a Chopin, sobre todo sus 23 polonesas, un género musical que cultivó el polaco don Federico. En medio del concierto, el matiento se levantó de su asiento de gallinero y, en el silencio del teatro, gritó: “Don Iturbi, don Iturbi, ¡tóqueme una pelonesa!”. José Iturbe trabajó en producciones de Hollywood como Levando anclas (1945), con Frank Sinatra y Gene Kelly; y también en El beso de medianoche, su última película rodada en USA, en la que debutó el gran tenor Mario Lanza. Nunca habían interrumpido a Iturbe en un concierto sino aquel día del matiento en el Guimerá, que quería su “pelonesa” a toda costa. Siempre hay un mata entre el público, como aquella vez, en la plaza de toros, durante un combate de boxeo en el que Barrera Corpas le estaba dando una cuerada a un púgil negro. En medio de la pelea, se levantó un matiento de su asiento, molesto por la felpa, y gritó: “¡Colpas, Colpas!, ¿por qué desprecias su colol?”. Y se volvió a sentar. Se armó una buena.

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